
La astronomía en México y los eclipses solares (primera parte)
La importancia de la astronomía en la vida humana ha ido cambiando en el transcurso del tiempo, según la época y el lugar. La humanidad ha buscado entender el comportamiento de la naturaleza con la que convive diariamente, provocando la observación, el análisis, y el estudio de todos esos fenómenos y eventos que la naturaleza ofrece.
Con el paso del tiempo y con lo aprendido en esta convivencia, en la humanidad se han dado como resultado un cambio en sus reacciones: éstas inicialmente partían del miedo y el asombro hasta llegar al presente a un conocimiento tal, con avances significativos en la ciencia, transformándose en un aprovechamiento con un sin fin de mejoras en múltiples actividades diarias.
Se puede decir, hoy en día, que la astronomía en México tuvo un parteaguas en su evolución y profesionalización y es imprescindible ubicarnos en la década de 1880. En estos años la profesionalización de esta área inicia con la construcción del Observatorio Astronómico Nacional de Tacubaya. Este centro astronómico tenía el antecedente de haberse establecido en condiciones reducidas y limitadas en la azotea del edificio de Palacio Nacional y, en otro momento, en el Castillo de Chapultepec en la ciudad de México. Nuestro país en esos años ya demandaba la creación de un centro astronómico en forma, con la capacidad de equipos y personal a la altura de otras instituciones a nivel internacional y, gracias a un gran apoyo gubernamental encabezado por el presidente de México, el General Porfirio Díaz, se logró dar la formalidad y el inicio de una etapa de la astronomía moderna en nuestro país. La astronomía antes de esa década de 1880, estaba enfocada principalmente a requerimientos demandados por la cartografía, atendiendo una necesidad de hacer mapas más precisos; igualmente, la necesidad de delimitar geográficamente de forma más exacta linderos entre estados y la frontera entre México y Estados Unidos. Por otro lado, se dio un evento de gran importancia que igual motivó a los pocos astrónomos mexicanos y que como consecuencia al realizarlo, apuntaló esa deseada creación del centro de observación de Tacubaya. Este acontecimiento consistió en viajar a Japón en el año de 1874, donde se realizaron mediciones a Venus en su paso más cercano a la tierra. México formó una comisión para viajar a este lugar, trayendo en cierta forma los primeros resultados que, por parte de nuestro país, aportaron en la investigación astronómica mundial.
La participación fue de gran importancia, ya que en la observación se pudieron realizar estimaciones del tamaño del Sol y de la distancia entre la Tierra y el Sol mediante la paralaje, la cual es una función trigonométrica usada para calcular distancias, y que actualizaría a nivel mundial los datos obtenidos hasta ese momento.
Al iniciar su funcionamiento el Centro Astronómico de Tacubaya, el personal que lo conformó no tenía hasta esa fecha una formación específica en la astronomía, o al menos vigente o actualizada hasta ese momento. La adquisición del equipo entre telescopios, cámaras y demás instrumentos brindaron la opción de un perfeccionamiento centrado, ahora, si en la astronomía. Las carreras en el siglo XIX principalmente fueron las de ingeniería en minas, ingeniero mecánico, ingeniero topógrafo, ingeniero civil y geógrafo; estas carreras llevaron como materias optativas a los tópicos relacionados a la astronomía, como la de mecánica celeste, astronomía práctica, astronomía física, entre otras, y no como principales, como lo fue el caso de materias relacionadas a las matemáticas, geometría, algebra, etc., que juntándolas con las materias de astronomía eran importantes para cálculos y predicciones astronómicas, entre otras múltiples actividades que se desarrollaban a la par. Los eventos astronómicos a partir de la creación del observatorio comenzaron a estudiarse en forma; este centro se convirtió en un eje científico y astronómico para el país y, a la par, en un enlace con la comunidad astronómica internacional. La divulgación hacia la población, ya en ese momento, era avalada por una parte acreditada en la astronomía.
El desarrollo del estudio de la astronomía en México, en esta década de los años de 1880, va muy ligada al fenómeno de crecimiento que provocó la llegada de la revolución industrial, con una evolución científica, mejores instrumentos, telescopios, etc., tanto para su estudio como en su divulgación y entendimiento hacia la población en general. Como se puede ver, en esta fase del siglo XIX, diferentes elementos ya se conjugaban: las matemáticas, la física, la geografía, con mejores equipos, cámaras y telescopios.
¿Cómo se vivieron los eclipses antes de este periodo de experimentación científica?
Dentro de todos los fenómenos naturales que ocurren, los eclipses solares, entre totales, parciales e híbridos, son los eventos más difíciles de experimentar o vivir por el hombre en toda su vida. Estos, aunque como mínimo ocurren 2 veces por año en el mundo, representan una probabilidad muy pequeña para ser observados, ya que la sombra total provocada por la luna al anteponerse al sol, hacen que sea solo una fracción muy pequeña de la superficie total terrestre al momento de su trayecto y en ocasiones la sombra de los eclipses cruza por el mar, o en áreas continentales poco pobladas. En el caso de México ¿cuántos de estos eclipses hemos tenido? Desde 1600 a 1699 se tuvieron en el mundo 62 eclipses totales y 75 anulares, en este periodo en México se pudieron observar, de los enlistados, solo 4 totales y 4 anulares que cruzaron por nuestro país. El asombro y miedo de las personas que vivieron esos momentos es fácil de suponer al paso de la sombra total, por el poco conocimiento, lo apartado y lo poco poblado e incomunicado del país en ese tiempo. Modelos matemáticos arrojan esos datos, pero se cuenta con algunos datos de la época que quedaron escritos de alguno de estos eclipses.
En el caso del eclipse total del 23 de agosto de 1691, éste tocó tierra en las costas de Jalisco, continuó su camino con rumbo hacia la ciudad de México, para terminar su trayectoria por nuestro país en Chiapas y continuar hacia Guatemala. Este eclipse pudo ser observado por el célebre matemático y escritor Carlos de Sigüenza y Góngora y, en un estilo científico, relató cronológicamente desde el inicio, así como los momentos de la oscuridad total, hasta su finalización. Relató igualmente el comportamiento de la gente a su alrededor, donde las mujeres y muchachos gritaban por las calles, comerciantes que dejaban sus puestos y, junto a una muchedumbre ingresando a la catedral, donde en ésta y otras iglesias se rogaba en extremo por lo que pudiera pasar en ese momento de confusión. Relató igualmente sobre la oscuridad total en la que se demandó ser iluminadas las calles para poder observar objetos. No es difícil imaginar en los demás eclipses las circunstancias similares vividas en zonas apartadas y, más aún, sin aviso alguno de que fueran a suceder. En esos años de 1600 en México no existe referencia alguna, o al menos presentes, en las hemerotecas y libros digitalizados en general. Las referencias de los almanaques se encuentran hasta el siguiente siglo con el nacimiento de estos libros en Francia.