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CARLOS CASTAÑÓN CUADROS

El domingo 2 de junio fue una jornada histórica en México. Por primera vez en 200 años, llega una mujer a la presidencia de la República avalada por un gran respaldo popular. Claudia Sheinbaum Pardo logró la hazaña política después de una larguísima espera. Durante su discurso en el Zócalo, reivindicó esa larga lucha de las mujeres: "No llego sola, llegamos todas, con nuestras heroínas que nos dieron patria, nuestras ancestras, nuestras madres, nuestras hijas, nuestras nietas". La mandataria electa nombró en su discurso a las mujeres en la historia: "Están presentes Sor Juana Inés de la Cruz, Gertrudis Bocanegra, Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario, Margarita Maza, Agustina Martínez Heredia, Dolores Jiménez y Muro, Matilde Montoya Lafragua, Sara Pérez Romero, Carmen Serdán Alatriste, Juana Belén Gutiérrez, Elvia Carrillo Puerto, Hermila Galindo, y también, todas las mexicanas anónimas forjadoras de la patria. Venimos de lejos. Este triunfo no es de ahora". De esa manera, el domingo los ciudadanos asistimos a una cita con la historia. Mi reconocimiento a los miles de ciudadanos que organizaron el proceso en las casillas.

Para el caso, no está demás repasar los números. Claudia Sheinbaum ganó con 59% de los sufragios, es decir, 35 millones 924 mil 519 votos para Morena, PT, Verde. La diferencia con el segundo lugar es enorme. Dos a uno. Xóchitl Gálvez de la Alianza PRI, PAN, PRD registró 16 millones 502 mil 607 votos. En tercer lugar, Jorge Álvarez Máynez de Movimiento Ciudadano con 6 millones 204 mil 710 sufragios.

Entre las muchas lecturas que se desprenden de los comicios del 2 de junio, me interesa enfocar la repercusión del triunfo arrollador de Morena y el refrendo al proyecto de la 4T.

La irrupción del Movimiento de Regeneración Nacional en 2014 empezó de menos a más, pero con crecimiento meteórico, dado que, en las elecciones presidenciales de 2018, ganó Andrés Manuel López Obrador, para luego consolidarse como el líder social más relevante de los últimos cincuenta años. La irrupción de Morena cambió el esquema tradicional de los partidos, dominado por dos fuerzas principales, PRI y PAN. Sin embargo, el crecimiento exponencial de Morena, partió el pastel en tres. En consecuencia, disminuyeron las rebanadas para el bipartidismo tradicional que dominó entre 1997 y 2018. El triunfo contundente y mayoritario de Morena en 2024, con 35 millones de votos a favor de la 4T, nos llevó al punto de ruptura del viejo sistema de partidos. Más todavía, tras las elecciones presidenciales del domingo 2 de junio, el PRI y el PAN amanecieron inservibles. Como proyecto político, ambos partidos representan para millones de ciudadanos, el pasado en términos negativos. No es necesario hacer un recuento de agravios, malas decisiones, corrupción, quiebras políticas y económicas. Para eso, hay una colección de libros de historia. Desprestigiados y deslegitimados, los partidos tradicionales ya no son cauces para enarbolar la oposición, ni tampoco para representar a los ciudadanos, salvo quienes piensan, como la comentocracia chilanga, que vivimos en la década de 1990, o peor todavía, que "nos quitaron las cadenas" (Dresser dixit).

El mejor ejemplo es la desaparición del PRD. La quiebra del bipartidismo que gobernó desde el 2000, año de la alternancia, conlleva una necesaria discusión sobre la reforma política y el surgimiento de otra alternativa que sustituya al caduco sistema de partidos. El PRI, otrora partido hegemónico, se convirtió en el nuevo PRD, al ser superado por Movimiento Ciudadano. Las cifras son lapidarias. MC obtuvo 10.3 por ciento de los votos y mandó al PRI al cuarto lugar, con 9.5 por ciento. El PAN quedó reducido a un partido regional (Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes y Chihuahua). En consecuencia, están destinados a tener una participación testimonial en las siguientes elecciones.

¿Qué sigue? El sistema de partidos como lo conocíamos ya no existe. Lo que hay es una abrumadora mayoría de Morena con enorme respaldo popular en la presidencia y en el congreso. Ante esa rotunda realidad, MC, es ganador de la caída del PRIAN. Sin embargo, está ausente una oposición que proponga y no solo critique. Más todavía, de cara a la siguiente década, es necesario construir nuevos partidos, el PRI cambió tres veces de nombre; con sus actuales siglas no va a ningún lado. Al mismo tiempo, el momento exige un cambio generacional, con nuevos liderazgos, honestos, creíbles e inteligentes. Quizás es mucho pedir. Lo que hay es un desastre: Alejandro Moreno, "Alito", Marko Cortés y Claudio X González, que hace honor a la "X". Desde la pedacería, lo que viene es una reforma electoral y un recorte a los legisladores plurinominales que no representan a nadie. Beltrones, Anaya, Alito, Moreira… Los votantes hablaron claro y fuerte.

Nos vemos en @uncuadros

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