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Volver a los Andes

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ÓSCAR JIMÉNEZ LUNA

En un tiradero de libros de segunda mano lo volví a ver, afuera del enorme recinto de la FIL de Guadalajara, hará unos diez años. Lo reconocí de inmediato por la fotografía en blanco y negro del fuselaje del avión y los créditos con un fondo azul: «Supervivientes de los Andes», Clay Blair Jr. Era la segunda vez que lo compraba, porque la primera databa de los más lejanos años setentas, no mucho tiempo después de la tragedia y gloria de los sucesos. Desde entonces Fernando Parrado y Roberto Canessa, fueron para mí, como para millones de personas en el mundo, nombres muy familiares, por el tinte heroico de su larga travesía y el rescate final, después de setenta y dos días, de sus catorce compañeros. La historia -como lo hemos visto en este invierno- guarda toda su intensidad dramática. El asombro sigue ahí, y la admiración por sus protagonistas se renueva cada vez que se vuelve a su historia, iniciada aquel octubre de 1972.

«La sociedad de la nieve», como llamaron los propios sobrevivientes, al pie de las altas montañas blancas, a su inesperada y obligada colaboración, es -digo- asimismo el título de la nueva versión fílmica, bajo la dirección de J. A. Bayona, un cineasta español ya con mucho reconocimiento. Trataré de no repetir aquí, sino solamente lo necesario, sobre lo mencionado en ese también asombroso mar de internet. Comparto, pues, aquí mi fascinación por una de las vivencias más conmovedoras de la existencia humana en el siglo XX.

De entrada hay que decir que esta nueva versión de la película supera en mucho a las dos anteriores, la mexicana (1976) y la estadounidense (1993). La nuestra dejó mucho que desear -a los sobrevivientes no les gustó- pero creo que habría que tener alguna consideración a propósito: cuando se filmó había pasado muy poco tiempo de los hechos, y no se contaba con la información que se ha venido acumulando a través de los años, además de las limitaciones de los recursos y tecnologías de entonces (todavía me parece ver aquellas bolitas de nieve seca, flotando, en los minutos fatales de la avalancha). La dirigió René Cardona, que hacía un cine sin grandes pretensiones. Sin embargo, señalan las crónicas que no le fue mal de taquilla. Si la música era a todas luces inadecuada, me parece que tiene un acierto que ya no se repitió después: las escenas en otro espacio al de las montañas: el de los familiares a la espera de sus hijos, que le dan un complemento sentimental a la historia.

Así como la versión señalada se basa en un libro (el ya mencionado), «Viven» es igualmente la que proviene de otro volumen publicado, de la autoría de Piers Paul Read. Aquí la calidad de los testimonios de los protagonistas es muy superior. No obstante, no le faltaron al filme críticas muy desfavorables (además del consabido énfasis del cine norteamericano por el triunfo ante todo, en inglés se perdía algo de su experiencia de origen).

La película que en estos días están viendo millones de personas en el mundo, con el apoyo de las nuevas plataformas de difusión, la historia encuentra sin duda su mejor realización. Es un espejo casi perfecto de lo ocurrido (con algunas variantes de los hechos verdaderos, también hay que anotarlo), una hazaña que permiten los mejores apoyos económicos y, por supuesto, tomando como sustento principal otra obra publicada, ahora debida al uruguayo-Pablo Vierci, quien permaneció atento a la filmación. Los tres libros, claro está, son fieles a los aspectos fundamentales de los hechos: el error del piloto, la solidaridad de del grupo -no de todos los muchachos, se sabe-, el golpe inesperado de la avalancha que costó varias vidas, la decisión de comer de la carne de los fallecidos, la caminata extraordinaria de Parrado y Canessa, el papel principal de Sergio Catalán, el vaquero que dio aviso a las autoridades para el rescate. Sobre estas constantes se integran otras diferencias que le dan a cada película su sello particular.

Se ha comentado también un factor capital de la sobrevivencia: la fuerza que les dio su fe religiosa (Nando rezó -dice- miles de Avemarías, y en su casa tiene ahora un gran cuadro con la Virgen de Guadalupe). Hay otros elementos interesantes: la educación escolar y familiar de los sobrevivientes, y algo que hasta donde sé no se ha valorado suficientemente: la fortaleza física y mental de los uruguayos («la garra charrúa», se le conoce en lo deportivo). Por cierto, una curiosidad que nos atañe como durangueños: a Montevideo la fundó en 1726 un vasco de nombre Bruno Mauricio de Zabala y Gortázar, nacido en Durango, Vizcaya, España (de esa región provenía, como sabemos, Francisco de Ibarra, fundador ?en 1563? de nuestra ciudad de Durango). ¿Qué más decir que no se haya dicho antes? Se han escudriñado todo tipo de detalles de tan terrible experiencia. Tal vez subrayar, que la tercera versión aprovecha espléndidamente la voz narrativa de Numa Turcatti, el joven que no pertenecía al equipo de rugby, que nada más era un invitado, como otros y otras, que tuvo acciones sobresalientes y que murió a unos pocos días del salvamento. Por otra parte, hay que señalar que el papel escrito por Nando, si se analiza, es de una concisión textual fuera de lo común: ahí está todo lo esencial (él ha señalado que un artículo de la revista Selecciones que había leído lo ayudó porque sabía que, despacio, se podía respirar debajo de la nieve). Igualmente, Carlitos Páez ha contado que por las noches miraba la luna, porque suponía que su madre estaría haciendo lo mismo en la ciudad, lo que después se confirmó. ¿Y los no pocos viajes que durante años ha llevado otros rescatados al lugar del accidente? ¿Por qué estamos regresando siempre? Ellos hablan de lo que les dejó «La lección de la montaña». Otra más de las aportaciones que hay que agradecer a Bayona es la inclusión de varios de los protagonistas reales en su filme: conmueve que Parrado reciba al principio a su madre y su hermana en la ficción (desgraciadamente ellas fueron también víctimas del accidente). Entre ese océano informativo vale la pena ver dos documentales imprescindibles: «Nando Parrado. Sobreviviente de los Andes. Legado 2020. Legado», y «Making of Society of the Snow. Who Were Whe on the Mountain. Netflix».

Finalizo con inmensa gratitud y cariño por mi maestra del sexto año de primaria, en la Escuela 4 José Ramón Valdés, Margarita Bravo Morán que, en 1974, nos contó esta historia, que supera por su emoción expositiva y formación pedagógica todo lo que he podido leer y ver después acerca de la asombrosa historia de «Los Supervivientes de los Andes».

Escrito en: Sociedad de la nieve Andes Letras durangueñas versión, mucho, después, protagonistas

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