
Detalles. En la primera celebración fueron unas 400 personas las que acompañaron la verbena hasta la madrugada del 16 de septiembre, según relató el historiador Javier Guerrero Romero.
La tradición de celebrar la noche del Grito de Independencia viene desde los primeros años de la vida independiente de México, que busca recordar el inicio de la lucha armada que ocurrió de 1810, ondeando banderas, con pirotecnia y una verbena popular.
En Durango la primera celebración fue en 829, prácticamente 8 años después de consumada la Independencia y desde entonces a la fecha se conservan todos los elementos que caracterizan a las verbenas populares, como una kermés, detalló Javier Guerrero Romero, cronista de la ciudad.
Fueron unas 400 personas las que acompañaron la celebración hasta la madrugada del 16 de septiembre, donde había disparos de cañones y carga de fusilería.
"Una verbena popular con juegos pirotécnicos en las antiguas oficinas de la presidencia municipal en la Plaza de Armas y después se traslada a la plaza de San Antonio, en contra esquina con la casa Conde de Súchil, en Madero y 5 de Febrero, que ya despareció".
Fue el gobernador Santiago Baca Ortiz quien decide hacer una celebración, para lo que instaló una junta patriótica para que se encargara de organizar las fiestas.
DATOS IMPORTANTES
A partir de esa primera celebración en adelante se han realizado cada año las celebraciones del Grito; solo en 1930 fue el único año que no se llevó a cabo, Durango se quedó sin gobernador y no hubo quien diera el Grito.
Otra celebración relevante fue en 1864, cuando el presidente Benito Juárez celebró el Grito de Independencia en la hacienda de San Juan de la Noria, en Pedriceña, Durango, con un importante mensaje y sentido patriótico de los habitantes.
La campana con la que se toca el Grito es una réplica de la iglesia Dolores que se regaló a Durango por el presidente Porfirio Díaz para que se hiciera la celebración, la cual no siempre había estado en el Palacio de Zambrano, ya que antes estuvo en la esquina de Bruno Martínez y 5 de Febrero.
PERSONAJES DESCONOCIDOS
Algo que se desconoce también por gran parte de la población es que hubo duranguenses que participaron en la guerra de insurgencia.
Aunque son varios destacan dos personajes; el primero es el padre Telésforo Alvarado, cura de la parroquia de Santa Lucía en Pueblo Nuevo, cerca de los límites con Nayarit.
El padre tuvo contacto con los grupos de insurgentes de Miguel Hidalgo que hicieron la toma de Guadalajara, por lo que organizó a indigenas O´dam que eran feligreses a que se sumaran a la guerra de Independencia. Se formó un ejército principalmente por indígenas de la región, y se lanzaron a Nayarit para sumarse a las fuerzas al ejército de libertadores de occidente que comandaba el general Fernández Hermosillo.
El padre es nombrado capellán, pero tienen mala fortuna, ya que meses después se destruye el ejército y se dispersan. Entonces regresa a su parroquia, donde es aprehendido en la cárcel eclesiástica, y ahí permaneció hasta que murió.
JOSEFA ÁLVAREZ PRENDES
Una mujer que también participó fue María Josefa Álvarez Prendes de Royo, esposa del entonces secretario del Ayuntamiento. Formaba parte de las élites de la ciudad y tenía información cercana y confidencial de lo que estaba pasando con las actividades de la insurgencia.
Cuando el cura Hidalgo es detenido, a varios sacerdotes los trasladan a Durango para ser puestos en prisión, específicamente a Mapimí a la cárcel de San Francisco. Como Josefa coincide con las ideas de insurgentes, invierte recursos personales y familiares para lograr la liberación de los sacerdotes detenidos; luego soborna a un guardia para que deje libre al padre Ignacio Hidalgo Muñoz, sobrino de Hidalgo, y lo oculta en su casa.
Era el inmueble sobre 20 de Noviembre e Hidalgo, donde ahora es un hotel; le da unas joyas para que se autofinancie su huida. A pesar de que ese era un lugar seguro porque las fuerzas armadas estaban ahí y nadie iba a pensar que pudiera encontrarse, el padre se asusta y huye, pero es aprehendido en el rancho de Morga, donde ahora es la colonia Morga.
En ese momento le encuentran las joyas de doña Josefa y a partir de ahí se le hace una investigación para ser fusilado. Josefa pasa en prisión domiciliaria, hasta que termina la guerra de Independencia, pero muere pocos meses después.