
Impuestos (después de todo no tan) saludables
Como parte del Paquete Económico 2026 que la Secretaría de Hacienda entregó al Congreso de la Unión, entre otras cosas, destaca la introducción de los llamados "impuestos saludables", estrategia debatible que propone en teoría mejorar la salud pública aumentando el Impuesto Especial sobre Productos y Servicios (IEPS) a productos dañinos para la salud, en el caso particular bebidas azucaradas, tabaco y videojuegos violentos.
Históricamente el IEPS ha sido una suerte de "salvavidas" involuntario de las finanzas públicas para el Estado Mexicano. En esta ocasión el impuesto es envuelto con una fachada de "saludable", para combatir la obesidad y la diabetes, pero igual que en otros años resulta poco creíble que lo que se recaude por el aumento de este tipo de impuestos vaya a destinarse para combatir a estos males que aquejan la salud de los mexicanos. Y menos todavía cuando se sabe que el padrón clientelar de los programas del bienestar ha crecido más. De algún lado tiene que salir el recurso que se dispersa entre ese amplio universo de personas.
A pesar de que la narrativa oficial se esmera en justificar que el alza es para desincentivar el consumo de productos dañinos, lo cierto que esta medida golpeará más a las familias de escasos recursos. El refresco, por litro, costará 3.08 pesos más (un incremento del 87%), incluyendo las bebidas con endulcorantes no calóricos, lo que constituye un contrasentido. Además, se extiende el gravamen a los edulcorantes bajos o sin calorías, lo que ha generado controversia entre expertos en salud pública que cuestionan a la Secretaría de Salud. Existe suficiente evidencia científica que demuestra que los edulcorantes no elevan la glucosa en la sangre y contribuyen a disminuir el consumo de azúcar y calorías. Además el consumo de productos con esta sustancia ha mostrado beneficios para el control del peso y del metabolismo. Los edulcorantes no solo están presentes en las versiones light o sin azúcar de refrescos; también forman parte de una amplia gama de productos como gelatinas, postres, yogurts, leches de sabor, por mencionar algunos.
Queda claro que nuestro país no necesita más impuestos: necesita mejores resultados, más transparencia para saber en qué se aplica lo recaudado por este tipo de impuestos. Si no se construyen más hospitales, si no se compran más medicamentos para abatir el desabasto entonces veremos que estos aumentos solo tienen un afán recaudatorio que impactará en la economía de las familias más pobres y no tienen un interés sanitario. Desde el año 2014 se empezó a aplicar el IEPS a las bebidas azucaradas y desde entonces a la fecha no ha bajado el consumo promedio de refrescos por persona, mientras que los índices de obesidad y diabetes siguen incrementándose.
El gobierno federal tiene claro que una reforma fiscal profunda es antipopular y puede costar votos en contra. En cambio, promover aumentos a este tipo de productos se pueden justificar diciendo que tienen un propósito benéfico como apostar por la salud, pero además no existen reglas o mecanismos para rendir cuentas por lo que se recauda por esta vía. Lo cual les resulta más conveniente.