
50 años y Cosío Villegas sigue vigente (II)
Esa obra es un examen muy detallado de cómo Porfirio Díaz negoció el reconocimiento norteamericano de su presidencia tras el triunfo de su rebelión en 1877 contra el gobierno de Lerdo de Tejada. La fórmula en virtud de la cual Díaz pudo llegar en abril de 1878 a un entendimiento con Washington fue cumpliendo en tiempo y forma con el acuerdo sobre el pago de reclamaciones hechas por Estados Unidos, pero sin ceder a una de sus exigencias que ponía en entredicho la soberanía mexicana misma: autorizar y por tanto legitimar algo que ya ocurría: el cruce de la frontera con México por tropas norteamericanas cuando éstas perseguían a grupos indígenas o a ladrones de ganado. Y es que detrás de estos cruces ya había un plan de acción para proceder a una ocupación temporal de regiones del norte mexicano e imponer ahí un “orden” a la norteamericana ya que las autoridades mexicanas no podían o no querían controlar su propia geografía.
Así pues, la fórmula de Díaz para lograr el reconocimiento de la potencia vecina y no chocar con el ejército norteamericano estacionado en Texas fue actuar con fuerza en el escenario interno: tomar medidas de política interna políticamente costosas para forzar a los ricos mexicanos a facilitarle fondos para pagar lo demandado por Washington y, a la vez,poner orden a lo largo de la frontera norte para no dar pretexto al ejército norteamericano de seguir incursionando en territorio mexicano y que podría desembocar en una ocupación indefinida de la zona argumentando que el desorden en esa región afectaba el interés nacional norteamericano pues ponía en peligro vidas y propiedades en los estados fronterizos al norte del Bravo. En suma: la mejor política externa entonces consistió en acciones dentro de México: conseguir recursos monetarios de las grandes fortunas privadas y concentrar los recursos de fuerza del Estado mexicano a lo largo de la frontera para imponer el control federal efectivo en la región.
Al final los dos generales que Díaz mandó a imponer “su orden” en el norte mexicano -Treviño y Naranjo se mantuvieron fieles al presidente pero no hay que olvidar que éste corrió el riesgo de que ellos le hicieran lo que él le había hecho a su antecesor -a Lerdo de Tejada- y emplearan sus tropas para arrebatarle a Díaz una presidencia que entonces estaba lejos de tener la fuerza que alcanzaría más tarde.
Más adelante al abordar la totalidad de la política exterior porfirista en los tomos correspondientes de la citada Historia Moderna de México, Cosío Villegas subrayó el otro esfuerzo de Díaz para poder ejercer la soberanía relativa que México llegó a tener al iniciarse en siglo XX: atraer al capital europeo, particulamente al británico, al corazón del proyecto de modernización de la economía mexicana para crear una presencia económica europea que equilibrara la creciente influencia del capital norteamericano. Y por un tiempo esta política de pesos y contrapesos funcionó.
La reflexión histórica de don Daniel lleva a concluir al menos dos cosas:una es que si sustituimos a los apaches y a los ladrones de ganado del siglo XIX por los carteles del narco tenemos que las fallas en el control del orden interno siguen siendo un factor de conflicto con Estados Unidos. La otra es que en el sistema multipolar de finales del siglo XIX México encontró en el capital europeo una forma de equilibrar el predominio económico norteamericanopero esa posibilidad es hoy más difícil de materializar.
Finalmente, pese a la asimetría de poder entre el norte y el sur del Río Bravo, es posible para el lado sur maniobrar para generar coyunturas internas y aprovechar las externas para permitir a nuestro país mantener un espacio de independencia relativa que le dé sentido como Estado nacional pese a una realidad geopolítica que lo coloca inevitable y permanentemente en las esferas de influencia y se seguridad de una gran potencia imperial.