
8,709 sin esperanza
A principios de siglo XIX uno de los grandes fundadores de la sociología, Émile Durkheim, escribió un libro que sacudiría a los estudiosos: El suicidio. En él, conforme a sus convicciones positivistas, desarrolla una lectura en la cual es la sociedad la que, por sus rigideces, normas de actuar, impone al individuo presiones para las cuales no está preparado psicológicamente. Durkheim recibió infinidad de críticas pero abrió una discusión sobre el tema que se ha vuelto cada vez más amplia y compleja. Desde entonces autores como Andrés Oppenheimer en ¡Cómo salir del pozo!, entraron al debate.
Andrés se pregunta por qué con mayores satisfactores sociales la ola de descontento recorre el mundo. El estrés, la depresión, la insatisfacción aumentan día con día. Andrés viajó a Bután, declarado el país más feliz del mundo, y encontró una clara relación entre el índice y la biofilia -la necesidad de estar entre la naturaleza, de convivir con ella- como una variable notable en Bután. De regreso a Durkheim, a quien la vida misma le refutó su teoría pues moriría en diciembre de 1917 a los 59 años. Las causas: una tristeza profunda, depresión grave, de la muerte de un hijo en el frente de guerra. El final: una hemorragia cerebral. Durkheim fue el descubridor y defensor de la cohesión social, hoy en crisis. Autores más recientes como Cristina Monge en Contra el descontento, proponen la tesis del suicidio como reacción a la carencia de “futuros deseables”. El día de ayer nuestro amigo y compañero de páginas, Mario Luis Fuentes retomó en su entrega semanal los resultados más delicados de la reciente entrega del INEGI. En 2025 hubo 8,709 suicidios en nuestro país. La tasa no ha hecho más que aumentar, de 2015 al 2025 el alza fue 1.6%, estamos hoy en 7.35 por cada 100,000 habitantes. Pareciera un asunto menor - Groenlandia rebasa los 75, pero Egipto está en 0.87. Desmenuzando el asunto la cuestión cambia. Mario Luis Fuentes, una de las mentes más brillantes de las ciencias sociales en nuestro país, propone su lectura: “vivir significa habitar un mundo, reconocerse en él y encontrar posibilidades desde y hacia las cuales proyectarse”. Futuro, luego proyectos.
Volvamos al INEGI, los varones se suicidan casi 4 veces más que las mujeres. Pero los mexicanos entre los 30 y 44 años, rebasan el 17% del total. Dramático: la tercera parte de los suicidios los cometen jóvenes de 15 a 29 años. Algo está quebrado en nuestra sociedad. Para Mario Luis es una crisis del porvenir. Más del 70% de los suicidios se cometen dentro de las viviendas. El “consuelo familiar” es muy endeble.
En El principio esperanza de Ernst Bloch, el gran filósofo alemán, hay una oración que revive: “Pero el que sueña cree saber al fin lo que la vida le ofrece”. Los sueños de muchos jóvenes se desvanecen a diario. La bibliografía es muy amplia estos son algunos ejemplos de los innovadores. Viktor Frankl, considerado como un filósofo existencial, sobreviviente del Holocausto, el gran autor de El hombre en busca de sentido, su famoso estudio en el campo de concentración, en otro texto –Ante el vacío existencial- aborda esa vacuidad en la vida.
La vida nacional va mal. A decir de Aurelio Nuño, por primera vez hay más becas que estudiantes. La UNAM ha tenido que abrir un área para atender los problemas psicosociales del alumnado. La deserción escolar está en todos los niveles. Eso anuncia la muerte de un valor sobrentendido en México; la movilidad social. “Progresó” decimos, “le ha ido bien” y basta para entender de qué se trata. La economía crece por debajo de su crecimiento poblacional. Sin un ritmo mayor, (CEEY) 50% de las personas que nacen en el quintil más bajo de recursos económicos, se quedarán allí. 28% no superará el segundo quintil. Solo 2% llegarán al quintil más alto. Del quintil más bajo, 40% terminarán primaria; 35% la secundaria; 16% la preparatoria y solo uno alcanzará estudios profesionales.
La desesperanza tiene justificación y responsables.