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A 40 años de Chernóbil: el accidente radioactivo mexicano que también alcanzó a Durango

El accidente radioactivo con cobalto-60 que comenzó en Ciudad Juárez y llegó hasta Durango.

A 40 años de Chernóbil: el accidente radioactivo mexicano que también alcanzó a Durango

A 40 años de Chernóbil: el accidente radioactivo mexicano que también alcanzó a Durango

JORGE LUIS CANDELAS

El aniversario de Chernóbil, el 26 de abril, suele traer de vuelta imágenes de una ciudad evacuada, trajes especiales y una planta nuclear convertida en símbolo del desastre. Sin embargo, la radiación no siempre aparece acompañada de explosiones, alarmas o escenas de película.

A veces puede estar escondida en algo mucho más cotidiano: una pieza de metal, una carga de chatarra o una varilla de construcción.

Eso fue lo que ocurrió en México entre 1983 y 1984, cuando un equipo médico abandonado en Ciudad Juárez provocó uno de los accidentes radiológicos más graves del continente. El caso comenzó en Chihuahua, pero su rastro se extendió a varios estados del país. Entre ellos, Durango.

Una máquina médica olvidada

El origen del accidente estuvo en una unidad de radioterapia que contenía cobalto-60, un material radiactivo utilizado en tratamientos contra el cáncer.

El equipo había sido adquirido por un hospital privado de Ciudad Juárez, pero permaneció almacenado durante años sin las condiciones adecuadas de resguardo. Con el tiempo, la máquina fue desmantelada y vendida como chatarra.

Ahí comenzó el problema.

El material radioactivo terminó mezclado con metal común en un yonke. Después, esa chatarra fue enviada a fundidoras, donde se transformó en productos aparentemente inofensivos, como varilla para construcción y bases metálicas para mesa.

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La alerta llegó demasiado tarde

Durante semanas, el material contaminado circuló sin que muchas personas supieran el riesgo que representaba.

La alarma se encendió hasta enero de 1984, cuando un camión que transportaba varilla mexicana activó detectores de radiación en Estados Unidos. Ese hallazgo permitió rastrear el origen del material hasta Ciudad Juárez.

Para entonces, miles de toneladas de acero contaminado ya habían salido al mercado.

El rastro de la varilla contaminada

La investigación posterior permitió documentar una amplia dispersión de material contaminado con cobalto-60.

Parte del acero fue convertido en varilla de construcción y distribuido a distintos puntos del país. También se identificaron otros productos fabricados con el metal contaminado.

Las autoridades tuvieron que iniciar una búsqueda compleja para localizar, retirar y confinar el material. Se revisaron construcciones, cargamentos y empresas relacionadas con la cadena de distribución.

El problema era claro: la radiación ya no estaba concentrada en un solo sitio. Había viajado a través del mercado de la chatarra y la construcción.

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El rastro que llegó a Durango

Conforme avanzó la investigación, el caso dejó de ser un problema limitado a Ciudad Juárez. La ruta del metal contaminado comenzó a extenderse por distintos puntos del país, siguiendo el camino habitual de la chatarra, las fundidoras y los materiales de construcción.

En ese mapa también apareció Durango.

El estado quedó relacionado con el accidente por la posible llegada de varilla contaminada y por la participación de una empresa ubicada en Gómez Palacio dentro de la cadena industrial por la que pasó parte del material.

Ese detalle vuelve el caso más cercano: no se trató únicamente de una historia ocurrida lejos, en la frontera norte, sino de un accidente cuyo rastro alcanzó territorio duranguense.

La dimensión exacta de esa presencia no siempre aparece con el mismo nivel de detalle en los registros públicos, pero el dato central permanece: Durango formó parte del recorrido que siguió el cobalto-60 después de salir de Ciudad Juárez.

La pregunta que quedó sin respuesta

Uno de los puntos más inquietantes del accidente es lo que pudo haber ocurrido después.

La exposición a radiación ionizante puede aumentar el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer, pero en un caso como este resulta casi imposible medir el impacto real.

Para hacerlo habría que saber quién estuvo expuesto, durante cuánto tiempo, con qué intensidad y en qué condiciones. Esos datos no existen de manera completa.

Por eso, si el accidente tuvo relación con un incremento de casos de cáncer en los años posteriores, probablemente jamás podrá cuantificarse con precisión.

El desastre que no tuvo explosión

A diferencia de Chernóbil, el caso mexicano no comenzó con una planta nuclear destruida ni con una nube radiactiva sobre una ciudad.

Comenzó con una máquina médica abandonada, una venta de chatarra, metal fundido y varillas que salieron al mercado como si fueran cualquier material de construcción.

Por eso, a propósito del aniversario de Chernóbil, el accidente de Ciudad Juárez vuelve a resultar inquietante: recuerda que la radiación no siempre se anuncia con sirenas.

A veces viaja en silencio. Y en México, ese rastro llegó más cerca de Durango de lo que muchos imaginan.

Escrito en: Chernóbil Radiación Construcción Aniversario accidente, material, Ciudad, varilla

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