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A Femme Fatale (con mucho charme y un toque de humor francés)

A Femme Fatale (con mucho charme y un toque de humor francés)

A Femme Fatale (con mucho charme y un toque de humor francés)

VANESSA BARDÁN PUENTE

La femme fatale se parece a un croissant, doraditas por fuera, complejas por dentro, con capas y capas de historia, pasión y sabiduría y si, cuando alguien no te sabe apreciar es que claramente no sabe de panadería fina.

No grita, insinúa… no corre, espera… no pide, provoca… Su perfume llega antes que ella y se queda después de que se va. Camina con el tipo de seguridad que no se compra, como quien ha cruzado el infierno en tacones y regresó con las llamas hechas vestido.

Una femme fatale mira el mundo con una mirada crítica pero coqueta, como diciendo “Ah mon dieu, (Ay dios mío) ¿eso es lo mejor que puedes hacer?

No se interesa por conversaciones vacías, ni por halagos baratos. Ella prefiere el silencio incómodo que revela, al ruido cómodo que miente. No busca atención, la atención la sigue como sombra asustada.

Puede ser la musa de un pintor, el sueño de un poeta, la pesadilla de un ex y el karma de quien se atreve a subestimarla.

No corre detrás del amor, hace que el amor se tropiece con ella y le pida perdón, se viste de emociones intensas, con un pañuelo de sarcasmo al cuello y tacones de introspección, elige con pinzas de oro lo que permite entrar en su mundo. Su risa es vino tinto, su mirada es absenta y su paciencia… bueno es como el metro de París en hora pico, existe, pero no es infinita.

En el fondo parece una mezcla de Simone de Beauvoir con un toque de Amelié: filosófica, romántica, brillante, un poquito melancólica y deliciosamente impredecible.

Eso sí una femme fatale emocionalmente responsable, o como dirían los franceses “elle est beaucoup trop pour un homme ordinarie” (Ella es demasiado para un hombre común y corriente)

Ella no camina, flota, como si la gravedad la respetara demasiado para imponerle sus reglas vulgares, como si la hubieran criado con libros de filosofía y chocolate negro.

Sus heridas tienen aroma de Chanel N.5 y cicatrizan con poesía. Habla con la lengua de los sueños y los límites y a veces con la paciencia de alguien que ya vivió 17 vidas y todas fueron intensas.

Tiene un doctorado en intuición, una maestría en despedidas elegantes y una especialidad en decir “no” con una sonrisa que deja al otro preguntándose si lo bendijo o lo destruyó.

El amor no lo ruega, lo elige. Y si se lo rompen, recoge sus pedazos, los pone en una copa de vino y brinda por su propia y maldita resiliencia.

Porque una femme fatale es ser arte. Y como arte francés, no es para todos los gustos, solo para paladares finos con alma loca.

Pero cuidado ella no juega... Ella invoca, y si alguna vez te acaricia el alma… jamás volverás a sentir igual…

Escrito en: CARIÑOTERAPIA femme, fatale, ella, alguien

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