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Ab ovo

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J. SALVADOR GARCÍA CUÉLLAR

"El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las cinco de la mañana…", escribe Gabriel García Márquez al inicio de su novela Crónica de una muerte anunciada.

El diestro lector advierte de inmediato que la novela comienza por el final; desde la primera línea se menciona la muerte del protagonista, hecho que coincide con el desenlace. Esta estrategia narrativa no es exclusiva del escritor colombiano; existen muchas obras que se abren con el final o con un momento crucial. Los estudiosos llaman a este recurso literario in extremis, es decir, desde el extremo, y todos entendemos que se trata del extremo terminal.

La opción contraria consiste en narrar desde el origen, desde los primeros sucesos que dieron pie a la historia. A este modo de contar se le denomina ab ovo.

Esta expresión latina, extraña para muchos, surgió entre los romanos para señalar que las narraciones debían comenzar desde el principio. En contraste, la Ilíada de Homero inicia in medias res, en medio de la acción, sin detenerse en los antecedentes.

Los romanos usaban el modismo ab ovo -desde el huevo- para referirse a la guerra de Troya. Consideraban más natural que el relato empezara en el origen. El huevo al que aludían era el que puso Leda, esposa del rey Tindáreo, como consecuencia de haber sido poseída por Zeus, quien adoptó la forma de un cisne con el fin de engañarla. De ese huevo nació Helena, cuya belleza y ligereza desencadenaron la célebre guerra entre griegos y troyanos. Quien quisiera contar la historia desde el inicio, debía comenzar allí según los romanos, en el huevo de Leda, y avanzar cronológicamente hasta el desenlace.

Así, ab ovo significa narrar desde el principio, desde el día en que comenzaron los hechos que se van a relatar. La expresión también sirve para explicar fenómenos desde su origen, aunque no siempre se trate de un orden estrictamente temporal.

Un ejemplo clásico es el viejo acertijo: ¿qué fue primero, el huevo o la gallina? Si alguien respondía que la gallina, el retador preguntaba de dónde había salido, y la respuesta era inevitable: del huevo. El juego continuaba y se prolongaba hasta el infinito. Sin embargo, si seguimos el modo de pensar de los romanos, la respuesta es clara, primero fue el huevo, porque de él se parte para iniciar cualquier narración. Y si lo consideramos desde la biología, también el huevo antecede a la gallina, pues es una célula que, una vez fecundada, origina al ave. El principio de todo ser viviente es un huevo, o un óvulo en el caso de los vivíparos.

Desde Homero, los autores se han sentido libres de comenzar sus obras en cualquier punto de la trama, in extremis, como García Márquez en Crónica de una muerte anunciada; in medias res, como la Ilíada; o ab ovo, desde el origen.

Un ejemplo de inicio ab ovo es la novela picaresca El Lazarillo de Tormes, que abre con los orígenes del protagonista y la referencia a sus padres. Narra el nacimiento de Lázaro junto al río Tormes, su humilde procedencia y la muerte de su progenitor.

No es la única obra que sigue un orden cronológico natural. También David Copperfield de Charles Dickens se ajusta a un desarrollo fiel a la línea temporal de los acontecimientos, igual que El Lazarillo, así, usted puede enumerar otras obras cuyos hechos se ajustan al tiempo.

Fuera de la literatura, el principio ab ovo resulta igualmente útil. Cuando alguien explica un asunto, lo más claro y deseable es que empiece desde el inicio, que lo haga ab ovo. Así, la exposición avanza de manera cronológica o lógica, con pasos definidos, así los oyentes o lectores comprenden cabalmente la explicación.

En las obras literarias de todos los tiempos, las narraciones ab ovo han parecido aburridas, es más atractivo trastocar el orden de los acontecimientos porque el lector pone más atención a un relato que presenta los hechos en aparente desorden para acomodarlos en su mente según su percepción.

Pero la vida no es sólo literatura, ni únicamente ciencia, deporte o cualquier otra ocupación humana. Es una mezcla de actividades, intereses y pasiones. Y en esa diversidad, empezar por el principio suele ser la mejor manera de entendernos.

Escrito en: OPINIÓN EDITORIALES huevo, obras, orden, novela

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