
Alejandra Estala: la mirada humana de la emergencia
Detrás del uniforme de la Cruz Roja se esconden historias donde la vocación, tarde o temprano, encuentra su camino. Tal es el caso de Alejandra Estala Santillán, quien a pesar de haberse graduado como Ingeniera en Ciencias Forestales, descubrió su verdadero llamado en las sirenas de las ambulancias que la cautivaron desde niña. Hoy, con una década en la institución y cuatro años como paramédico remunerada, Alejandra equilibra la adrenalina de las emergencias con el temple que exige salvar vidas.
TEMPLE Y LA ACTUALIZACIÓN CONSTANTE
El paso del tiempo en el servicio de emergencias transforma inevitablemente a quienes lo ejercen. Alejandra reconoce que el proceso de maduración la ha llevado a desarrollar una necesaria "frialdad" para no perder la calma ante el sufrimiento ajeno.
"La familia es la primera que nota el cambio. Con el tiempo no nos alteramos o no lloramos, y a veces dicen que ya no tenemos sentimientos. La cuestión es que nos vamos enseñando a que, si perdemos la calma, no vamos a poder ayudar a las personas", explica.
Estala señala que año con año deben certificarse y tomar cursos de actualización, ya que los protocolos médicos cambian constantemente, dejando obsoletas ciertas prácticas de un año a otro.

ENFRENTAR LA INCERTIDUMBRE Y LA INCOMPRENSIÓN
Portar el emblema de la Cruz Roja es un logro que a Alejandra le evoca nostalgia y orgullo cada mañana, pero también incertidumbre. En la calle, los paramédicos se enfrentan a climas adversos, tráfico pesado, turnos sin tiempo para comer y, en ocasiones, incomprensión de la ciudadanía.
"Hay de todo. Personas que nos respetan y felicitan, y otras que, por la misma desesperación de la urgencia, nos reclaman porque el tiempo se les hace eterno. Ha habido conflictos e incluso agresiones verbales y físicas", comparte. En esos momentos de tensión, ya sea en la vía pública con apoyo policial o en el aislamiento de un domicilio, la templanza se vuelve su mejor herramienta: “Tenemos que moderar nuestro temperamento para no complicar la situación; lo importante siempre es el paciente".
De la hermandad en la montaña al futuro
El compromiso de Alejandra con el rescate la llevó a cursar una especialidad de Rescate en Áreas Montañosas que la mantuvo seis meses en Puebla.
A pesar de los momentos de duda extrema bajo el frío, el cansancio y la sed en las alturas, la experiencia consolidó su propósito: "Al final es la satisfacción de saber que vas a ayudar y el reto personal. En ese tipo de rescates haces una hermandad muy fuerte con el equipo".
Con la mirada puesta en el futuro, Alejandra Estala no tiene planes de dejar la institución. Su convicción sigue firme en Durango, pero mantiene los lazos abiertos con sus compañeros de Puebla, lista para acudir a donde la oportunidad de salvar una vida la llame.
