
Alemania y la extrema derecha
El fin de semana se llevaron a cabo elecciones en Sajonia-Anhalt, en el este de Alemania, donde el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) logró la victoria con el 43.8% de los votos, muy por encima de los obtenidos por el partido conservador Unión Demócrata Cristiana (CDU), que alcanzó 17.2%. Un resultado extraordinario.
Pero más todavía si comparamos los resultados de esta elección con los de hace cinco años. En 2021 la AfD alcanzó el 20.8% de los votos; en 2026 duplicó con creces ese resultado. Ese crecimiento ha sido motivo de preocupación constante tanto dentro de Alemania como fuera de ella. Y no es para menos. La clasificación de extrema derecha otorgada a Alternativa para Alemania no ha sido gratuita.
En mayo de 2025 la Oficina Federal de Protección de la Constitución (BfV) clasificó a la AfD como “derecha extrema confirmada”, una figura reservada para preservar la democracia alemana frente a partidos con posturas anticonstitucionales y antidemocráticas.
Hay que aclarar que la clasificación no se debió a un explícito nazismo de la AfD, sino a sus concepciones étnico-descendentistas que devalúan a minorías y a otros grupos de la población, incluidos los migrantes. Y aunque la designación no proscribe a nadie -prohibir un partido solo puede hacerlo el Tribunal Constitucional Federal-, sí habilita su vigilancia y lo marca.
Pero hay antecedentes documentados. Alexander Gauland, cofundador, llamó a Hitler y a los nazis una cagada de pájaro en mil años de historia alemana. Björn Höcke describió el memorial del Holocausto en Berlín como un monumento de la vergüenza. Todo lo anterior daría la idea de que las políticas extremistas gozan de un apoyo masivo en Alemania. Sin embargo, conviene separar dos cosas: Que la agenda de la AfD sea extremista, que coquetee con la banalización del nazismo, que su dirigencia haya dicho lo que dijo, no nos permite concluir que sus 576 mil votantes en Sajonia-Anhalt compartan esa parte del programa. Y hay datos que, por lo menos, abren la duda.
En Sajonia-Anhalt solo 20% califica hoy la situación económica como buena, veintisiete puntos menos que en 2021 y el desempleo llegó a 8.2% frente a 6.5% nacional. En estas elecciones la AfD movilizó a 170 mil personas que antes no votaban, casi un tercio de su votación. Ese es el material con el que trabaja el populismo: toma la preocupación real, le fabrica un culpable, le ofrece un mito al cual aferrarse -el orgullo nacional, el pasado que fue mejor, la gran Alemania por recuperar- y cobra en votos lo que los demás no supieron responder.
Los estudios que miden simpatía por el nacionalsocialismo también muestran un contraste. Preguntados directamente solamente 4.7% de los alemanes concede que aquel régimen también tuvo sus lados buenos y menos de 5% acepta que la dictadura pueda ser mejor forma de Estado. En Sajonia-Anhalt, las cosmovisiones de extrema derecha consolidadas se mantienen por debajo del 10%.
Lo que nos hace cuestionar que quizá no todos tienen una visión extremista sino que simplemente tienen preocupaciones cotidianas a las que los partidos de centro (izquierda o derecha) han dejado de responder y les han dejado de hablar por considerarlos extremistas cuando no todos lo son.
X: @solange_