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FEDERICO REYES HEROLES

La etimología recupera rumbos. La palabra autoridad provoca reacciones encontradas: "la autoridad procedió así…", "la autoridad no procedió a…". Hay quien la rechaza, por principio, en el extremo el anarquismo. Otros, por el contrario, la exigen como panacea universal, son adictos. Augere, es la antigua expresión romana que nada tiene que ver con el poder. Auctor se refería al "arte de hacer crecer", prosperar. Eso distinguía al auctor. De allí las disquisiciones: ¿quién tiene la autoridad para lo educativo, lo empresarial, lo político, la salud, lo que sea? Las sociedades necesitan de autoridades legítimas para lograr ese crecimiento.

Todo evoluciona. Para John Locke -el gran liberal- el pater familias era el único con la autoridad para guiar, hacer crecer, a sus descendientes. Hoy parece arcaico. Sin embargo, a pesar de la necesaria intromisión del Estado en la educación, el papel de los padres como guías es indiscutible. ¿Quién debe guiar? Por ello se han edificado una serie de procedimientos para escoger o designar a quien debe ejercer los diferentes tipos de autoridad. Recordemos, se trata de crecer, la raíz de augere, aug remite a magnificar, aumentar. De ahí derivaron palabras como auge. Las fuentes son muy claras, no se busca al autor de una creación, sino al que haga posible que algo crezca. Se trata de alguien con la capacidad de fomentar, mejorar. Eso es la auctoritas, ejercer ese don. Todas las sociedades, insisto, necesitan de esas autoridades, sea un maestro o un director de orquesta, un cura frente a su grey. Lo mismo vale para el líder de una nación.

Hasta aquí la parte amable del ejercicio de la autoridad. Pero también está el otro lado. Quién ejerce la autoridad está obligado a hacer que se cumplan ciertos preceptos, sólo así su comunidad crecerá. La autoridad radica en eso. Por ello, por el riesgo que implica que alguien imponga criterios o decisiones pretendiendo una falsa autoridad, es que las sociedades norman de manera rigurosa, el cómo se ejerce la autoridad. Al frente de un Estado nación debe haber una autoridad cuyos actos están perfectamente normados. Sólo así se conserva la verdadera autoridad. Se evita el autoritarismo y también el cáncer que la falta de autoridad provoca. Lo puedo hacer y lo debo hacer, van de la mano. Una normatividad detallada, es garantía para las dos partes, para los gobernados y los gobernantes.

El uso de la fuerza pública, de las policías es una prueba de fuego. Cuando un ciudadano o un grupo de ciudadanos afecta la vida de los demás, la autoridad está obligada a actuar. El bien común o superior se impone, está por encima de las consideraciones personales o políticas. Hay dos beneficiados: el gobernante y, por supuesto, los ciudadanos que deben tener la certeza de que si X ocurre, la autoridad intervendrá, está obligada a hacerlo. No es una decisión discrecional, es la expresión más sólida y concreta del Estado de derecho. La autoridad está para ejercerse.

Con la Copa del Mundo hemos sido testigos durante meses de una clara extorsión de grupos que aprovechan los reflectores para exigir asuntos legítimos e ilegítimos. Siempre ocurre. La CNTE encabeza la lista, no tiene límite. Pero los controladores aéreos, que llevan años exigiendo apoyo y condiciones laborales dignas y técnicamente correctas, también están luchando. Son vidas las que están en sus manos, en su preparación y descanso.

Casetas de peaje tomadas, comercios afectados, cientos de miles de ciudadanos perjudicados en su vida cotidiana y la autoridad… no aparece. La CNTE gobierna. En cambio los controladores aéreos no están en el radar.

¿Por qué no crece México? En buena medida por un brutal deterioro de la autoridad legítima.

El cáncer del desgobierno avanza, ya hay metástasis. Qué tragedia que la jefa de Estado no pueda circular por México sin ser acechada.

Ejercer la autoridad no es un acto ideológico, es un mecanismo obligado para garantizar la viabilidad del Estado.

Escrito en: OPINIÓN EDITORIALES autoridad, autoridad., están, Estado

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