
Banquetas y rampas dañadas, principales obstáculos para personas con discapacidad en Durango
Con los ojos vendados, en silla de ruedas o utilizando muletas, estudiantes realizaron un recorrido por calles del Centro Histórico de Durango con el propósito de generar empatía hacia las personas con discapacidad y conocer de primera mano las dificultades que enfrentan diariamente al desplazarse por la ciudad.
Uno de los principales problemas detectados durante la actividad fue el mal estado de las banquetas, especialmente por las losetas levantadas y los desniveles que dificultan el tránsito seguro.
Antes de salir a la calle, Joselyn Zúñiga se cubrió completamente los ojos hasta quedar en total oscuridad. Aunque reconoció sentir temor, confió en sus compañeros para poder realizar el recorrido.
Otros estudiantes inmovilizaron sus piernas desde la cadera y utilizaron sillas de ruedas, con la intención de experimentar las limitaciones de movilidad que enfrentan algunas personas. Un tercer grupo recorrió las calles con una pierna inmovilizada y apoyándose en muletas.
Cada participante fue acompañado por otro compañero encargado de guiarlo, empujar la silla de ruedas cuando fuera necesario o simplemente brindarle apoyo durante el trayecto.

Benerana Camarena, docente responsable de la actividad, explicó que el objetivo es que los jóvenes desarrollen empatía y comprendan las dificultades que enfrentan las personas con discapacidad.
"Queremos que se pongan en sus zapatos y vean lo complicado que puede ser trasladarse de un lugar a otro", comentó.
La maestra señaló que también buscan evidenciar las barreras arquitectónicas que aún existen en la ciudad y la insuficiencia de infraestructura urbana adecuada.
"Aunque pareciera que hay condiciones favorables porque existen rampas en algunas esquinas, la realidad es muy diferente", agregó.
Durante el recorrido por calles del Centro de la ciudad, los estudiantes intercambiaron roles al momento de regresar. Quienes habían fungido como guías pasaron a experimentar alguna discapacidad temporal, mientras que sus compañeros tomaron la responsabilidad de acompañarlos.
Entre bromas, algunos comentaban que ahora les tocaría "desquitarse" por haber sido conducidos por banquetas en malas condiciones o por haber tropezado durante el trayecto. Sin embargo, la experiencia confirmó que las dificultades no eran provocadas por los compañeros, sino por las deficiencias en la infraestructura urbana.
Los participantes coincidieron en que hacen falta más rampas y que muchas de las existentes son complicadas de utilizar debido a sus pendientes o al deterioro que presentan. También señalaron que las banquetas carecen de condiciones adecuadas para facilitar el desplazamiento de personas con discapacidad.
Quienes realizaron el ejercicio con los ojos vendados destacaron la falta de semáforos auditivos, situación que genera inseguridad al momento de cruzar las calles.
Asimismo, observaron que los puentes peatonales no están diseñados para personas con discapacidad, obligándolas en muchos casos a cruzar directamente por el arroyo vehicular y sortear el tránsito.
No obstante, el problema más recurrente identificado por todos los grupos fueron las banquetas irregulares y las losetas desniveladas, que representan un riesgo constante de tropiezos y caídas.
"Si nosotros, que no tenemos ninguna discapacidad, nos vamos tropezando al caminar por las calles, imaginen lo difícil que resulta para quienes viven con alguna limitación física", comentó Joselyn Zúñiga.
Los estudiantes anunciaron que elaborarán un documento con las observaciones realizadas durante la actividad para entregarlo a las autoridades, con el fin de promover mejoras en la infraestructura urbana y garantizar una movilidad más incluyente.
"Que las personas con discapacidad no solo puedan caminar sin miedo a caerse, sino que también se sientan seguras de salir e integrarse plenamente a la sociedad", concluyeron.