
Billetazos de impunidad
A billetazos de impunidad, la presidenta pretende comprar la unidad de su partido. Tan insegura se encuentra todavía de su liderazgo que está dispuesta a pagar altísimas cantidades a la red de extorsionadores que el patriarca encumbró. Para Sheinbaum no se trata solamente de una decisión electoral. La competencia con la oposición no le quita el sueño. Lo que la inquieta es la posibilidad de una rebelión interna. Un partido de brazos cruzados le haría un inmenso daño. Por eso se muestra dispuesta a proteger a los barones del partido y emplea todos los instrumentos de su extraordinario poder para garantizar su impunidad. A los secretarios del gobierno anterior, a sus enviados diplomáticos, a sus compadres y parientes se atreve de pronto a marcarles alguna distancia. Pero de inmediato les ofrece garantías de que la ley no los incomodará en lo más mínimo. Las investigaciones del huachicol fiscal se cerraron tan pronto apuntaban a las alturas de la Secretaría de Marina, el desplazamiento del coordinador morenistas fue un castigo de frío, no de ley. No se le molestó siquiera con una pregunta sobre su vínculo con el funcionario que resultó la cabeza de una organización criminal. No se hizo ninguna investigación sobre la escandalosa incoherencia de sus declaraciones administrativas. Como único castigo, el alejamiento del primer círculo del poder.
Ningún ejemplo tan escandaloso como la permanencia del funcionario de la SEP que describe la política educativa de este sexenio como una imperdonable traición al movimiento. Resulta difícil imaginar algún otro gobierno que se comportara de esa manera ante una denuncia que viene desde dentro. Un funcionario del gobierno de Claudia Sheinbaum ha declarado públicamente que el gobierno de Claudia Sheinbaum traiciona eso que llaman graciosamente "humanismo mexicano". La acusación es la más grave que pudiera imaginarse dentro de la secta. El burócrata se coloca como defensor de la pureza ideológica y llama infiel a la jefa del estado mexicano. Seguro de su blindaje, el autor de los bodrios de texto gratuitos convoca a la insurrección magisterial, y lo hace desde su oficina en el gobierno federal. La presidenta Sheinbaum decide no escuchar la amenaza, ignorar el llamado a la rebeldía y dejar al insurrecto en su escritorio y con su quincena intacta.