
Camino Real de Tierra Adentro, ¿Durango se convertirá en ruta para aventureros?
Durante más de tres siglos, antes de que las carreteras modernas y el ferrocarril cambiaran la manera de desplazarse por el país, una extensa ruta atravesó el norte de la Nueva España llevando mucho más que minerales. Por sus caminos circularon mercancías, animales, colonizadores, alimentos e ideas. Durango estuvo en medio de ese tránsito que conectaba a la Ciudad de México con lo que entonces era el extremo norte de los dominios españoles, hasta Taos, en Nuevo México.
Más de una década después de que distintos sitios vinculados con este itinerario fueran reconocidos como parte del Camino Real de Tierra Adentro por parte de la Unesco, la idea original para que aquella antigua vía convertirse en una ruta para viajeros y turistas de aventura puedan recorrerla.
ORIGEN
Para el historiador Miguel Vallebueno Garcinava, quien participó en las investigaciones que sustentaron la declaratoria de la Unesco, existe esa posibilidad pero todavía falta una condición fundamental: hacer que la ruta sea realmente transitable para quien quiera conocerla.
“El Camino Real de Tierra Adentro fue el camino más amplio de Norteamérica durante más de 300 años”, explicó durante entrevista en El SigloTV.
Su importancia no se redujo al traslado de minerales sino que fue una vía de comunicación que articuló territorios y permitió el intercambio económico, cultural e intelectual. Por ahí salió buena parte de la plata de los reales mineros del norte de la Nueva España, un metal que, de acuerdo con el historiador, tuvo un papel central en la economía mundial de aquella época y en el comercio con Asia.
Durango ocupó un lugar importante dentro de esa red, aunque su relación con el camino no permaneció estática. Las rutas fueron modificándose con el tiempo y, cuando Parral alcanzó un enorme auge minero, el trayecto principal, que se había desplazado hacia Cuencamé, poco a poco fue incluyendo nuevamente a Durango capital. Sin embargo, el cambio tuvo consecuencias políticas y económicas. Los gobernadores de Nueva Vizcaya dejaron de despachar en sus “oficinas” capitalinas y se trasladaron a Parral en 1632 y después a Chihuahua, donde permanecieron durante aproximadamente 150 años.
La recuperación de Durango llegaría con el auge de sus propios centros mineros, entre ellos los del distrito de San Juan del Río, Avino, Gamón y Tejamen, y posteriormente Guarizame y San Dimas.
Pero la historia del camino tampoco terminó simplemente con la llegada del ferrocarril. Vallebueno Garcinava señaló que fue la Guerra de Independencia la que rompió buena parte de aquella dinámica comercial, en medio de inseguridad, dificultades económicas y la aparición de nuevas rutas hacia puertos como Tampico, San Blas y Mazatlán.
UN PATRIMONIO CREADO PARA VOLVER A RECORRERSE
La declaratoria del Camino Real de Tierra Adentro como patrimonio de la humanidad surgió de un proyecto que buscaba identificar y documentar los vestigios que permanecían a lo largo de esta antigua vía. Miguel Vallebueno formó parte del equipo encargado de investigar los tramos correspondientes a Zacatecas y Durango. Entre ambos estados se consiguió incorporar 22 sitios a la declaratoria.
En Durango fueron considerados lugares que conservaban elementos arquitectónicos y culturales vinculados con el itinerario, desde Nombre de Dios hasta antiguas haciendas y sitios del norte, como Canutillo, además de misiones y construcciones históricas de Villa Ocampo y San Miguel de Boca. La intención no era únicamente preservar edificios, sino que existía también una expectativa de aprovechamiento turístico.

La idea, refirió el historiador, era que el Camino Real pudiera desarrollar una dinámica semejante a la del Camino de Santiago, en España, con un itinerario en el que el recorrido mismo constituye una experiencia y en el que los pobladores, establecimientos y sitios históricos forman parte de una ruta capaz de atraer visitantes.
Pero esa posibilidad quedó incompleta. El proyecto contemplaba un plan de manejo que permitiera establecer señalización, servicios, hospedaje, gasolineras, establecimientos de alimentación típica y las condiciones necesarias para conectar los distintos puntos.
Aunque han realizado algunas acciones, no son suficientes. Los cambios de administraciones gubernamentales y de prioridades han provocado un seguimiento irregular.
Y es ahí donde aparece uno de los principales obstáculos para transformar un patrimonio histórico en una experiencia turística, pues no basta con saber que el camino existe. El viajero tendría que saber qué está viendo, cómo llegar, dónde detenerse, dónde comer, dónde hospedarse y qué tan viable es desplazarse de un punto a otro. También requiere señalización que permita interpretar los vestigios y servicios que hagan posible recorrerlos.
“Con una señalización, con algo que me diga lo que estoy viendo”, resume Vallebueno al plantear el reto.
UNA RUTA DE CASI 3 MIL KILÓMETROS
El tamaño del Camino Real de Tierra Adentro se extiende aproximadamente tres mil kilómetros, una distancia que, además de representar un desafío para su conservación y articulación turística, abre una posibilidad para quienes buscan recorridos de larga distancia.
Pero no necesariamente tendría que abarcarse toda esa distancia, en el caso de Durango, Miguel Vallebueno identifica una ruta vinculada con el antiguo camino hacia Parral. El recorrido podría pasar por La Granja, San Juan del Río, Rodeo y La Zarca, para continuar hacia Parral o dirigirse hacia Villa Ocampo. Hacia el sur aparece otro punto fundamental como Nombre de Dios, considerado por sus habitantes como cuna del mestizaje y donde permanecen templos y construcciones vinculadas con las primeras etapas de la expansión franciscana hacia el norte. Pero que además goza de una reconocida gastronomía y alternativas naturales de las que el turismo podría beneficiarse aún más.
La ventaja de algunos de estos trayectos es precisamente que quedaron al margen de posteriores procesos de modernización, por lo que en ellos pueden sobrevivir elementos que permiten reconstruir visualmente parte del paisaje histórico.
Aunque cabe resaltar que el patrimonio no está compuesto únicamente por edificios. También existe una dimensión intangible que conecta a Durango con Nuevo México. En este sentido, Vallebueno Garcinava ejemplificó la Cofradía de Nuestro Padre Jesús del templo de San Agustín, considerada por cofrades de Nuevo México como una matriz de la que descienden. A esto se suman tradiciones, gastronomía y otros elementos culturales que sobrevivieron al paso de los siglos.
La comida puede convertirse, incluso, en parte de la ruta. La barbacoa de borrego está relacionada con la enorme circulación de ganado ovino que acompañó al Camino Real. Rebaños de hasta 20 mil o 30 mil animales se desplazaban hacia el centro del país y contribuyeron al desarrollo de la actividad textil en regiones como Querétaro y el Bajío.
Así, el viajero del siglo XXI podría encontrar en una misma ruta arquitectura, paisaje, historia, tradiciones y gastronomía. La propuesta incluye incluso aprovechar productos regionales y avanzar hacia mecanismos que distingan aquellos que poseen características propias de determinados lugares.

LOS HABITANTES, PRIMEROS GUARDIANES
Pero los historiadores de las entidades que integran el Camino Real saben para que el proyecto funcione, no puede depender exclusivamente de las autoridades. Los habitantes de las comunidades por donde pasa esta antigua vía son sus principales guardianes. Es decir, para que exista conservación debe existir también un interés económico y cultural local: que el patrimonio genere actividad, visitantes y oportunidades para quienes viven alrededor de él.
Ese puede ser uno de los puntos decisivos para que el antiguo camino deje de ser solamente una declaratoria y se convierta en un itinerario atractivo para el turismo.
En el reciente Coloquio celebrado en Durango hace un par de semanas participaron representantes de distintos estados relacionados con el Camino Real y personas provenientes de Nuevo México, donde actualmente existe interés por avanzar en la declaratoria de la parte estadounidense. La intención es recuperar los encuentros anuales y mantener un foro que permita intercambiar conocimientos y generar interés entre autoridades municipales y culturales.
La frontera actual, después de todo, es mucho más reciente que la historia que pretende dividir. El itinerario cultural que comunicó a la Nueva España con Nuevo México existió mucho antes de la actual división territorial entre México y Estados Unidos.
Por eso, la posibilidad de convertir el Camino Real en una ruta para aventureros no depende de generar la infraestructura del camino antiguo. Lo que implica recuperar una red de sitios, historias, sabores, paisajes y comunidades que todavía conservan fragmentos de aquella comunicación.
De esta manera alguien que busque nuevas rutas tendría la posibilidad de recorrer el antiguo camino de la plata, detenerse en una misión, entrar a una comunidad, conocer una hacienda, probar un producto local y entender qué ocurrió en el mismo territorio siglos atrás.