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Cariñoterapia: La vida es como ir al supermercado

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Cariñoterapia: La vida es como ir al supermercado

VANESSA BARDÁN PUENTE

Nadie nos explicó que la vida se parecía tanto a ir al supermercado... Uno entra con buenas intenciones, con hambre, con prisa y sin lista...

Al principio recorres los pasillos maravillado. Todo brilla, todo promete, todo está perfectamente acomodado, te recibe ese olor delicioso a pan recién hecho, hay colores por todos lados, música de fondo, los empaques te sonríen, las ofertas te guiñan el ojo, las etiquetas dicen cosas como “nuevo”, “mejorado”, “imperdible”...

Tomas cosas con entusiasmo. No sabes bien para qué, pero “por si acaso”. Llenas el carrito con ilusión, con curiosidad, con hambre. Caminas sin mapa, te detienes en pasillos que no planeabas y te dejas llevar por lo que luce bonito, aunque no sepas si lo necesitas. Todo parece posible ahí dentro, todo parece al alcance de la mano. Solo empujas el carrito, sonríes un poco con la esperanza de que en algún pasillo debe estar lo que estoy buscando, miras alrededor y piensas, con tanta cosa disponible, sería raro salir con las manos vacías…

A veces nos comportamos igual en el supermercado que en la vida, entramos a Walmart sin saber que necesitamos….Tomas lo primero que te llama la atención: relaciones, trabajos, decisiones “en oferta”. Algunas cosas funcionan, otras caducan rápido. Llenas el carrito con hambre.... Hambre de experiencias, de amor, de sentirte elegido. Nadie te dijo que no se entra al súper con el estómago vacío, y tú entraste ¡con el alma!.

Luego llegas a casa, bajas las bolsas. Ya no hay luces brillantes, ni música de fondo, ni etiquetas prometiendo felicidad instantánea. Solo estás tú… y lo que elegiste. Empiezas a sacar las cosas una por una. Algunas te hacen sonreír, esto sí lo necesitaba. Otras las miras con sospecha: ¿en qué momento pensé que esto era buena idea? Hay productos que ni recuerdas haber metido al carrito, que parecían irresistibles bajo la luz del súper y que ahora, en la cocina de la realidad, se ven distintas…

Aparece ese remordimiento silencioso, que dice: ¡ups! me dejé llevar… Te das cuenta de que compraste desde el hambre, desde el cansancio, desde las ganas de no sentirte solo. Y ahí están, frente a ti, las elecciones hechas sin lista, sin pausa, sin preguntarte si realmente te iban a nutrir.

Lees por fin las letras chiquitas. Descubres los efectos secundarios. Te das cuenta que no todo lo que está bonito en el empaque nutre. Hay productos que seducen, pero te dejan vacío, otros no llaman la atención, pero calman la tripa. Y te preguntas si se pueden devolver, esas elecciones que parecían correctas bajo luces brillantes.…

Entonces descubres que ir con hambre es peligroso... Cuando en la vida estás desde la carencia, terminas llevando cosas que luego te caen pesadas. Elegimos relaciones que prometían mucho y nos nutrían poco. A veces confundimos la urgencia de sentirnos queridos con el amor que realmente necesitábamos

Un día quizá empiezas a cambiar, entras al supermercado de la vida y algo es distinto. No es el lugar, eres tú. Ya no corres, ya no tomas cosas por reflejo. El carrito va medio vacío y, por primera vez, no te angustia. No entras con hambre, entras contigo.

El hambre te había hecho confundir antojos con necesidades, brillo con nutrición, urgencia con amor. El hambre te hacía creer que cualquier cosa era mejor que nada. Ese día no, ese día sabes que no necesitas llenar el carrito para sentirte completo. Caminas por los mismos pasillos, pero ya no te seducen igual. Entiendes que no todo lo disponible es conveniente, y que elegir poco también es elegir bien.

Hay una serenidad nueva. No buscas ofertas ni promociones. Si algo no suma, no entra. Si algo pesa, se queda. Y si algo no está… confías en que llegará cuando lo necesites. Aprendes también a dejar productos en su lugar. Antes te sentías culpable por no llevártelos. Hoy entiendes que no todo es para ti, aunque esté en promoción, en el pasillo correcto y alguien más lo recomiende.

Ya no compras con ansiedad. Ya no llenas el carrito por miedo a quedarte sin nada. Empiezas a leer etiquetas ¿esto tiene paz? ¿esto me hace bien a largo plazo? ¿esto es necesidad o solo antojo?

Quizá la vida no se trata de salir del supermercado con el carrito lleno. Quizá se trata de aprender qué merece un lugar en él y tener la tranquilidad de dejar lo demás en el estante.

Escrito en: Cariñoterapia carrito, vida, supermercado, entras

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