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Carlos Robledo Puch: ¿Quién fue 'El Ángel Negro', el joven asesino que aterrorizó Argentina?

Con solo 19 años sembró el terror en Buenos Aires; tras más de 50 años encerrado, su macabro mito aún hiela la sangre.

Foto: Redes Sociales

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RICARDO HERNANDEZ

Hay rostros en los que el mal decide disfrazarse de milagro. En la Buenos Aires de 1971, detrás de una mata de rizos dorados y unos ojos azules que evocaban la pureza de un querubín, se escondía la sombra más tenebrosa de la historia criminal argentina. Carlos Eduardo Robledo Puch, con apenas diecinueve años, transformó las calles serenas del Gran Buenos Aires en el escenario de una pesadilla digna del suspenso más macabro.

Un perfil criminal muy poco común

Para la criminología tradicional, el "Ángel Negro" representa una aterradora anomalía. No procedía de un entorno marginal ni arrastraba secuelas de abuso o miseria extrema; creció en un hogar de clase media en Olivos, bajo un manto de aparente normalidad. Sin embargo, en la psiquiatría forense, su expediente reveló una marcada psicopatía narcisista, caracterizada por una ausencia absoluta de empatía, remordimiento o capacidad para experimentar la culpa humana.

En un sangriento raid que duró menos de un año, entre marzo de 1971 y febrero de 1972, Robledo Puch sembró el terror absoluto. El recuento final de sus atrocidades hiela la sangre: 11 homicidios calificados, un homicidio en grado de tentativa, 17 robos, dos raptos, una violación y un abuso sexual. No había un patrón financiero racional; la codicia era secundaria frente al impulso depredador.

Nunca mostró misericordia, ni con sus compañeros

Su modus operandi destacaba por una frialdad espeluznante. Operaba habitualmente de noche junto a un cómplice, irrumpiendo en comercios, agencias de autos o boliches. Su marca registrada era rematar a sus víctimas indefensas mientras dormían, disparándoles a quemarropa por la espalda. Para Puch, arrebatar una vida no requería justificación alguna: matar era un trámite simple, ejecutado con la ligereza de un juego infantil.

La crueldad del Ángel de la Muerte no perdonó ni a sus propios aliados. Tras cometer múltiples asaltos y asesinatos con su primer compinche, Jorge Ibáñez, este falleció en un sospechoso accidente automovilístico en agosto de 1971, del cual Puch salió ileso. La sombra del traidor se confirmó con su segundo socio, Héctor Somoza, a quien ejecutó sin contemplaciones tras un sobresalto durante un robo en Carupá.

Así luce Robledo Puch en la actualidad.
Así luce Robledo Puch en la actualidad.

Aquel último crimen marcó el principio de su fin. Tras acribillar a Somoza, Puch utilizó un soplete para derretirle el rostro y las huellas dactilares, intentando borrar toda evidencia. Sin embargo, cometió un error fatal: olvidó su cédula de identidad en el bolsillo del cadáver. El 4 de febrero de 1972, la policía irrumpió en su casa y arrestó al joven monstruo, clausurando su sangrienta cacería.

Un monstruo que ya nunca salió de su jaula

El proceso judicial expuso los abismos de su mente. Aunque intentó fugarse brevemente del penal de Olmos en 1973 antes de ser recapturado, la justicia dictó sentencia en noviembre de 1980. Fue condenado a reclusión perpetua con la accesoria de reclusión por tiempo indeterminado. Aquella resolución selló su destino biológico en las mazmorras del sistema penitenciario bonaerense, donde la luz del sol se volvió un lejano recuerdo.

Las pericias psiquiátricas dibujaron el perfil de un depredador irrecuperable. Los peritos definieron su psique como la de un inadaptado social con delirios de megalomanía y marcados rasgos paranoides. Durante las reconstrucciones de los hechos, lejos de mostrar consternación, mantenía una mirada desafiante y desprovista de afecto. Sus célebres amenazas a los jueces confirmaron que la piedad jamás formó parte de su diseño biológico.

Su vida ha inspirado obras y películas

Hoy, tras haber cruzado la barrera de los 70 años y con más de medio siglo tras las rejas, trasladado entre Sierra Chica y el penal de Olmos, Robledo Puch ostenta el triste récord de ser el preso más antiguo de la historia argentina. Convertido en un espectro olvidado en los pasillos carcelarios, sus peticiones de libertad han sido rechazadas sistemáticamente por el peligro latente que aún encarna.

Su mito tenebroso dio el salto a la cultura popular en 2018 con el filme El Ángel, dirigido por Luis Ortega, que retrató esa paradoja siniestra entre la belleza estética y la depravación más profunda. La película inmortalizó la fascinación y el horror de un país que jamás olvidará cómo la cara de un querubín ocultó al asesino más sangriento del siglo.

Escrito en: criminología crímenes asesinos seriales asesinos Puch, Robledo, vida, argentina.

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