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Colirio

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Colirio

Colirio

J. SALVADOR GARCÍA CUÉLLAR

Colirio es una palabra luminosa. Es bálsamo para los ojos, literalmente, y por extensión, alivio de la visión interior cuando la tenemos obnubilada por los oscuros filtros culturales, psíquicos y espirituales.

Esta voz tiene una estructura sonora en la que predominan sonidos líquidos y vocálicos. Abre con un golpe claro, luego se desliza con fluida suavidad, brilla con vocales agudas y termina en río que corre. Es palabra que se disuelve en música, gota sonora que limpia la mirada. Además, es una palabra que expresa claridad y nitidez.

La voz procede del griego, en el que el término Kollyria significa pan redondeado o en forma de rollo. Luego, a los remedios para mejorar la visión o limpiar los ojos se les llamó Kollyrion, en diminutivo, para expresar que la medicina en forma de pequeño pan o pastilla debía elaborarse con mucho cuidado, y además tenía que diluirse con extrema precaución antes de aplicarla. En esos lejanos tiempos de la Grecia clásica, y aún mucho después, el colirio era una especie de pastilla sólida que se disolvía en alguna sustancia conocida, como vino, aceite, miel o vinagre. Con el tiempo, cambió su significado para referirse exclusivamente a medicamentos líquidos en forma de gotas.

Ya Hipócrates, Galeno y Dioscórides usaban esta palabra —y su correspondiente medicina, cada uno con su fórmula propia— para designar los remedios para los ojos. El colirio empezó como medicamento muy específico, y luego el tiempo se encargó de sustituir los ingredientes de las fórmulas para que, en la época medieval, se hicieran remedios con yerbas y metales comunes, como el cobre. El colirio se convirtió de medicina en alquimia y llegó a ser el elixir de la vida, aunque no para todo el sujeto, sino solo para la visión. Actualmente es un líquido estéril con analgésicos, antisépticos y antiinflamatorios que limpia la superficie del glóbulo ocular y aclara la visión.

En el campo médico, el colirio es un líquido que devuelve la claridad a los órganos visuales.

En lo poético, es río que desemboca en visión interior, metáfora de la vida que se aclara. También se convierte en lágrima medicinal, pero sobre todo, es alivio y bálsamo para los ojos del alma, pues una mujer bella es colirio para el amante, que se alivia y se fortalece después de haber tenido su visión enferma de soledad.

En el libro del Apocalipsis, Jesús, el Ungido, dice a los laodiceos que sentirse ricos y venturosos es una ceguera moral, pues no ven el aspecto espiritual de la vida, por eso les recomienda que unjan sus ojos con colirio para que puedan ver su desvergüenza y su desnudez de espíritu, más importante que la económica.

De la misma manera, algunos poetas toman el colirio como metáfora de la visión interna, como San Juan de la Cruz, quien aplica el colirio no para los ojos físicos, sino para curar la visión trascendente, cuando nos dice: “El colirio de la gracia abre los ojos del alma, / para que vea lo que antes estaba oculto.” La gracia divina o cercanía con Dios nos abre los ojos y los alivia, los despoja de las barreras para que podamos contemplar lo que teníamos oculto por el pecado.

No solo para los religiosos, sino para todos los poetas, el colirio funciona como alivio de la visión amorosa. Unos versos atribuidos a Mario Benedetti dicen que “Ella era un colirio para mis ojos gastados, / una gota de luz en la penumbra diaria.” En esta metáfora, el colirio representa el alivio y la curación del sufrimiento, mientras que la gota de luz es la esperanza o la alegría en la rutina. No se trata de un colirio farmacológico, sino simbólico. La visión de la amada es el remedio (colirio) amoroso para el desgaste de los ojos trascendentes, los que ven más allá de lo físico y se centran en la persona que recibe la admiración del poeta. El colirio literario es más profundo que el medicinal.

A final de cuentas, colirio químico, colirio espiritual y colirio amoroso alivian todo tipo de visión, tanto la de los órganos visuales como la de los ojos del alma, con los que vemos lo invisible, lo que contemplamos extasiados con una claridad que solo las gotas de colirio pueden darnos.

Escrito en: OPINIÓN colirio, ojos, visión, palabra

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