
Coloso dormido
El dinosaurio ronronea satisfecho mientras digiere al INE
La 4T ha utilizado buena parte de su fuerza para atacar a la sociedad organizada, a la que percibe como un obstáculo a la imparable acumulación de cargos y presupuestos. En este texto, fundamento los motivos por los cuales fracasaron en el intento de doblegar a las organizaciones de la Sociedad Civil (OSC, también llamadas ONG) y a quienes las respaldan.
En 2019 había 42,269 OSC y el presidente Andrés Manuel López Obrador decidió lanzarse contra ellas y contra la prensa independiente que las arropaba; prohibió todo financiamiento a las primeras y canceló toda publicidad a la segunda. Por otros motivos también ha habido una reducción en el financiamiento internacional, aun cuando es un fenómeno todavía poco estudiado.
Siete años después son evidentes los métodos empleados por los gobiernos de la 4T. El ataque a los periodistas e intelectuales críticos ha buscado quitar legitimidad y credibilidad a las personas públicas para debilitar así su defensa de las OSC y otras causas; Para ello han señalado con nombres y apellidos a personas a las que se tacha de corruptas y conservadoras, esto reforzado; con una adjetivación más sonora y burda, por los youtuberos de Palacio Nacional y por las granjas de bots anónimos. Contra los Think tanks, las colectivas de víctimas y las ONG de diverso tipo, Hacienda ha lanzado una lluvia de auditorías mientras se multiplican y diversifican las exigencias administrativas.
Hay indicios de que las OSC sí perdieron credibilidad ante los seguidores de la 4T, pero su lustre creció en otros sectores, lo cual se infiere de su crecimiento numérico: en 2019 eran 42,269, en 2023 sumaban 48,035 (cifras de Cemefi). ¿Por qué fracasó la ofensiva de la 4T?
Una parte de la respuesta está en la Encuesta Nacional de Confianza en la Administración Pública (ENCOAP) del INEGI. Fue difundida el pasado 16 de abril y nos dice que las organizaciones internacionales tienen la confianza del 63.6%, de la población; el gobierno federal 53%; los medios de comunicación 51.9% y los partidos políticos están en su lugar habitual, el sótano, con un 33.7%. Por razones incomprensibles, el INEGI no incluyó a las OSC mexicanas en el documento citado, pero sí lo hizo en otra medición de 2021, el ENCIG, donde está calcado el mismo patrón: en el aprecio ciudadano, las ONG superan al gobierno federal mientras que los partidos están la parte más baja de la escala de los afectos populares.
Este reconocimiento ciudadano resultó clave para compensar el retiro de subsidios hechos por los gobiernos de la 4T. En 2018 los donativos privados fueron de 45,280 mdp, y en 2023 de 56,172 mdp. Otros factores que aliviaron a las OSC fueron las leyes de fomento y los programas de subsidio implementados en varios estados, un mejor uso de la tecnología y una mejoría en la cobertura de los medios que sobrevivieron la degollina publicitaria.
El retroceso democrático es un fenómeno global, y entre sus síntomas están los ataques a las OSC. Es indudable que algunas de ellas han sido cooptadas por intereses corruptos, pero es un error satanizarlas o subestimarlas. Siguen presentes porque atienden problemáticas que la autoridad ignora o es incapaz de resolver. Viene a la mente la determinación con la cual salieron las madres a buscar a los desaparecidos.
En las reuniones de las OSC son frecuentes las expresiones de indignación y preocupación ante la ofensiva gubernamental. Es un enojo comprensible y justificado que debe compensarse con el orgullo que debieran tener por su capacidad de resistencia.
Su potencial podría multiplicarse si formaran grandes coaliciones en torno a una agenda mínima, en donde deberían conceder un lugar preferente a la capital, pues de las organizaciones registradas por el CEMEFI en 2023, la CdMx concentraba el 21%, seguida por el Estado de México (8.8%) y Veracruz (6.6%). No menosprecio lo realizado en muchas otras entidades, pero la CdMx será una de las principales arenas de confrontación entre el campo autoritario y el democrático.
Los factores arriba mencionados dibujan la silueta de un coloso dormido. ¿Despertará a tiempo para defender una democracia amenazada por el partido mayoritario y sus aliados?
@sergioaguayo
Colaboró Elena Simón Hernández