Editoriales

OPINIÓN

¿Condenados?

Diálogo

¿Condenados?

¿Condenados?

YAMIL DARWICH

Luego de festejar el antes llamado “Día de la Raza”, vale la pena recordar su significado; Cada día 12 de octubre memoramos la llegada de Cristóbal Colón -1492al continente.

La trascendente consecuencia histórica fue el nacimiento de nuestro México y otras naciones latinoamericanas, pero en 2020 nos lo cambiaron a: “Día de la Nación Pluricultural”, justificándose en el reconocimiento al indígena. Otro capricho de “ya saben quién”.

Han pasado más de 200 años y seguimos condenados a repetir los mismos errores, aprendiendo en la escuela odiseas alteradas, haciéndonos desconocer nuestra historia y otros adalides.

Somos poseedores de un territorio rico y vasto; presumimos de bosques y mares; orgullosos por nuestras potencialidades agrícolas y ganaderas; mostramos cómo se prospera en el semi-desierto, donde ahora aparecen alternativas para aprovechar tierras raras o perforar frackingy obtener gas. 

De la minería, ni qué decir: enjoyamos a Europa con nuestra plata y presumimos la posesión de hierro, plomo, cobre, zinc, etc.

Comemos de los mares y de sus profundidades extraemos petróleo que no hemos sabido aprovechar, como declaró López Portillo: “aprender a administrar la abundancia”.

Lo que no explican en la historia oficial es porqué somos pobres, mexicanos que vamos dando por perdidas aquellas promesas de alcanzar el desarrollo.

Estamos condenados a poseer todo tipo de riquezas brindadas por la naturaleza, pero nuestra idiosincrasia no nos ha permitido aprovecharlas.

Repetimos, a tumbos, los pleitos politiqueros: liberales contra conservadores; de izquierdistas y derechistas; de padecer sujetos a dictaduras, luego democracias imperfectas, superficiales, aparentadas; ahora, estamos amenazados de imponernos una tiranía disfrazada.

Somos impuntuales, desconfiados de la autoridad -fundamentados por la experiencia-, tolerantes ante la corrupción -a veces copartícipes, irrespetuosos de leyes y normas; desordenados y hasta desperdiciados.

En justicia habrá que mencionar algunos atributos que tenemos los mexicanos; entre ellos: resilientes, sacamos fuerza de nuestro pasado y experiencias; creativos ante las carencias encontrando soluciones; hospitalarios, hasta los mundialistas extranjeros lo reconocieron; solidarios, capaces de dar “hasta la camisa” y muy orgullosos de nuestra cultura, aunque esta última esté gravemente herida por las influencias negativas que nos llegan del extranjero y que afectan principalmente a los jóvenes, quienes las reciben y las aceptan, a veces con beneplácito por enajenación.

Aparecen muchos cuestionamientos y dudas del porqué nos pasan las cosas y tendemos a rechazar críticas, mostrándonos ofendidos y hasta agresivos. Tenemos especial habilidad para justificar nuestras malas acciones.

La corrupción no viene de ahora, aunque ciertamente en los últimos tiempos la han refinado hasta hacerla insoportable e increíble a los ojos de los extranjeros. Somos estoicos, aguantadores.

No queremos recordar que algunos historiadores -satanizadosnos escribieron sobre la corrupción del indígena viajero comerciante, quien, a lo largo de sus travesías de negocios, truqueaban barato para vender caro y luego engañaban a su tlatoani ocultándole las verdaderas ganancias. 

Tampoco recordamos el abuso de los primeros mexicanos, quienes ante el agravio de los gobernantes que los excluyeron de los beneficios alcanzados con explotación del indígena trabajador, terminaron por unirse a criollos para iniciar nuestra independencia.

Nos resistimos a señalar que nuestro primer gobernante fue Agustín de Iturbide -haiga sido como haiga sidoy que lo enloquecieron hasta hacerlo creerse divino y luego derrocado por la oposición porque “¡no repartía!”.

Sí Santa Anna fue tan terrible, ¿por qué repetidamente lo iban a buscar?; lo mismo con Porfirio Díaz, señalado como abusón de los pobres -cierto-, pero negándole en la historia oficial haber iniciado nuestro desarrollo en comunicación, industrialización y visión del modernismo. Impulso que perdimos por politiquerías.

Sobre nuestro idealizado Benito Juárez, que lo declaramos “Benemérito de América”, escribiendo su nombre en miles de calles urbanas e inmortalizamos con monumentos y estatuas; callamos los por qué y cómo se mantuvo cuatro períodos en el poder.

De la Iglesia hay mucho que mencionar, siempre reprocharle sus desvíos; desde la imposición de la fe a los indígenas, su participación en el abuso de poder en colusión con antipatriotas y la protección a abusadores sexuales, ocultándolos y descuidando el principio cristiano de defender a los vulnerables.

Podríamos seguir recordando nuestros mitos de la historia, que al creerlos nos confunden, dañándonos en identidad e idiosincrasia. 

En tanto nos alejan de la verdad con historietas sobre quiénes somos los mexicanos, sin permitirnos avanzar en nuestro crecimiento/desarrollo como nación.

¿De verdad estamos condenados a repetir nuestra historia? Recuerde que ya vivimos “3Ts” y ahora, con la “4T”, nos va peor.

En tanto no aprovechemos nuestras enormes capacidades y potencialidades y nos apresuremos a utilizarlas, no podremos liberarnos de nuestros graves cánceres sociales: los politiqueros insaciables, la pobreza y la corrupción, madre/padre de la inseguridad agobiante que hoy padecemos. 

Reflexionemos sobre el descubrimiento de América y comentémosla con familiares y amigos, comprometiéndonos con un renovado propósito de cambio, siempre respetando las leyes.

¿Qué podemos cambiar? [email protected]

Escrito en: OPINIÓN EDITORIALES nuestra, nuestras, ahora,, corrupción

Noticias relacionadas

EL SIGLO RECIENTES

+ Más leídas de Editoriales

TE PUEDE INTERESAR

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas