
Control y poder
A la memoria de Rossana Reguillo.
Cualquier duda que pueda existir para comparar al PRI (cuando fue un partido hegemónico) y a Morena, se puede disipar porque en los dos hay una obsesión: controlar el sistema político y concentrar el poder. No es una casualidad, sino el resultado de un modelo que apunta hacia un aparato que entiende que tener el poder justifica tener un control casi absoluto del sistema político. El PRI y Morena pueden ser diferentes en otras cosas, historia, retórica, origen, contexto, pero son iguales a la hora del ejercicio del poder.
En menos de dos años hemos visto de qué forma se han implementado los cambios constitucionales que adelgazan las autonomías, debilitan el pluralismo y desmontan los contrapesos. La narrativa populista justifica un gobierno que ha terminado con la transición democrática, de la cual queda poco. En esa etapa se desmontó un régimen de partido hegemónico y se construyó otro plural. Hubo avances para tener una lucha por el poder que hizo posible las alternancias, como la que favoreció a Morena para que llegara al poder. También hubo fallas y olvidos, sobre todo en materia de combate a la pobreza, porque durante más de 20 años esos gobiernos se dedicaron a administrarla y la dejaron igual. Ese argumento sirve hoy para que varios propagandistas de la 4T desprecien la fase transicional y la caricaturicen como una etapa que solo se preocupó por tener reglas y procedimientos para llegar al poder, pero no hizo mucho para realizar compromisos sustantivos, como el bienestar de los pobres y el aumento al salario. Hoy se ha disminuido la pobreza, pero hemos regresado a un régimen de partido hegemónico.
La reciente designación de los tres consejeros del INE se puede evaluar como un paso más en el control de esa institución, que fue un símbolo muy importante de la transición. El árbitro de la lucha por el poder es una institución que ha estado en el debate desde su creación en 1990, como IFE, hasta hoy como INE. Unos descalifican la elección actual porque los perfiles no corresponden a consejerías independientes, sino de cuates cercanos al poder; otros dicen que antes se hacía por el mecanismo de cuotas entre los partidos que se repartían las posiciones. Las dos con ciertas.
Hace 20 años Jorge Alonso y yo construimos un esquema de análisis para una investigación que publicamos como "Campo electoral, espacios autónomos y redes: el consejo general del IFE (1996-2005)" (CIESAS-UV). En ese texto concluimos que las reglas del juego y las estructuras son muy importantes, pero que son insuficientes si no se acompañan del desempeño de los actores que toman las decisiones para fortalecer la democracia, y del acompañamiento de las redes sociales que exigen, observan y vigilan desde la sociedad civil el comportamiento institucional. Así, por ejemplo, vimos que entre la sucesión presidencial del año 2000 y la de 2006, se jugó con las mismas reglas, pero el desempeño del consejo general fue muy diferente. Vimos el gran conflicto que se generó por un empate, que el actual oficialismo dice que le hicieron fraude, lo cual nunca se probó en los estudios serios del caso.
En los tiempos de la 4T hemos observado de qué forma se ha debilitado al INE en sus reglas, quitando la colegialidad de las decisiones del consejo general y estableciendo el control de la estructura por la presidencia del INE, una aliada incondicional del oficialismo. Se le ha quitado mucho presupuesto, incluso de forma injustificada; además, el gobierno ha colonizado al consejo general, a tal grado que hoy existen muy pocas voces independientes en ese órgano directivo. Veremos cómo votan.
El control oficial está en los tres poderes, en la mayoría tramposa del Congreso, en la desaparición de organismos autónomos, en el control de los que quedan, como la CNDH y el INE, lo cual nos lleva a un escenario sin racionalidad democrática. Así funciona el poder con un régimen hegemónico. Una posible diferencia entre el longevo PRI y Morena es, tal vez, que su dominio puede ser más breve…