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SORBOS DE CAFÉ

Copla de la que se va y nada más no se ha ido (Parte 1)

Copla de la que se va y nada más no se ha ido (Parte 1)

Copla de la que se va y nada más no se ha ido (Parte 1)

MARCO LUKE

Está clareando el cielo, se despereza el jacal,

Canta el pájaro en el pórtico, se oye el gallo madrugar, La jícara guarda el café, cálido y recién tatemado,

Y el fogón, chamagoso y noble, despierta lo ya soñado. Mis botines me están aguardando, impacientes de ensillar, Corren todas las gallinas a mi paso aminorar

Mis pies ansiosos, quieren piscar el sendero,

Vamos dice el alma mía, aunque ande lejos, yo vuelvo primero.

Cruje el metate en su canto, no hay bochinche ni reguero, Solo el viento hablando en secreto, La jícara besa los labios, del viejo que supo esperar, Y el cusco, fiel compañero, nunca se quiso apartar.

El jacal no es corriente, ni podrió como el olvido, Aunque el tiempo sea ladino, no ha torcido lo vivido, La troje guarda recuerdos, en cada grano dormido,

Y el petate aún conserva, el calor de lo querido. El campo sigue vivo, no es farol ni es mentira, lo que el alma vino a hablar, Que el campo es raíz eterna, que no se puede arrancar,

Chiflan los gorriones ansiosos, migran las aves en los eneros, Florezca el campo con las lluvias mayo, caigan candiles en febrero. Verdes se tornen los campos, desde el valle hasta la ladera, Azoten las lluvias frescas, las brechas y cordilleras,

Anden víboras descalzas, y vuelvan las aves carroñeras, Que el campo es la pura vida, desde el estanque hasta la alameda.

El cuaco no es ladino, ni matungo sin honor,

Es más noble que el silencio, más sincero que el dolor, ni cuarta ni fuete ocupa, para llevarme al mezquital, porque entiende lo que callo, cuando vuelvo a recordar.

La alfalfa huele a infancia, húmeda como oración, y el arroyo canta lúcido, su antigua bendición, el tábano zumba terco, el zopilote mira fiel, todo sigue en su lugar, aunque ya no esté yo en él.

Se oye al vaquero cansado, arreando su soledad, con el sarape ensarapado, cargando su dignidad, sus manos, ásperas y sabias, saben lo que es resistir,

Porque el campo no se hereda... el campo se vuelve a vivir.

Madre, abra el pórtico viejo, padre, deme su mirar, que sus ojos son pórticos donde siempre quiero entrar, abuela rece en silencio, con su rosario ancestral, que aunque el cuerpo ande lejos, el alma siempre vuelve al corral mi dulce viejecita, mil años la quiero mirar

Abra las puertas mi padre, abralas de par en par,

Madre, saque las ollas, que quiero cocinar, que las riendas y el caballo, bien los supe manejar. Asperas manos de mi padre, me reciben al llegar, manos benditas, surcadas por la vida,

Que mis heridas de niña supieron curar, mis lagrimas en la adolescencia fueron a secar,

Con esos ojos cansados, de particular sabiduría, pues son esos ojos, padre, los que más he amado en mi vida.

Deme la bendición mi madre, un abrazo de rosas le voy a robar, pues son sus ojos de ambar, que roban el alma al mirar, son sus palabras tan dulces, que en la mente me voy a guardar.

Escrito en: sorbos de café campo, alma, padre,, ojos

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