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Corrección a tiempo o forzada

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Corrección a tiempo o forzada

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ENRIQUE IRAZOQUI MORALES

A propósito de la presentación del segundo informe de gobierno de la presidenta Claudia Sheimbaun Pardo me parece que vale la pena hacer un intento por poner en una balanza el resultado real para la sociedad mexicana lo que ha significado la llegada del movimiento de Andrés Manuel López Obrador al poder.

Me parece pertinente para ello tomar datos de la columna del connotado periodista Jorge Zepeda Patterson publicada en El País, donde describe un cambio que rompe con décadas de inercia: los asalariados mexicanos han ganado terreno en la participación del PIB, pasando del 24% al 28%, mientras los empresarios retrocedieron del 44% al 40%. La fotografía es clara: la riqueza se reparte con mayor equidad. El salario mínimo, los programas sociales y la eliminación del outsourcing han dado voz y peso a quienes antes estaban relegados. Es, sin duda, un logro político y social. Un dato duro e inobjetable.

Sin embargo, está la otra cara de la moneda, donde se debe centrar el debate razonado – ese que en política en la práctica no existe- Atrás de esa justicia redistributiva se esconde una economía que apenas respira. Entre 1994 y 2018, periodo en el que el actual régimen lo describe como Neoliberal, México creció en promedio un 2.6% anual, acumulando casi un 90% de expansión en ese cuarto de siglo. Desde 2019, el ritmo se desplomó: apenas 0.8% anual, con un acumulado de 5.5%. La pandemia explica parte del freno, claro está, pero no todo. Cancelaciones de proyectos estratégicos, desconfianza hacia la inversión privada y la regresión en las reformas económicas por razones de la obstinación ideológica han dejado al país sin motor necesario. Ni qué decir de la oportunidad desaprovechada del nearshoring y el cúmulo de errores puntuales en cuanto a como encarar el destino económico de la nación.

El cálculo de lo perdido si México hubiera mantenido el ritmo histórico de crecimiento, el PIB actual rondaría los 29.3 billones de pesos. En cambio, apenas alcanza los 25.3 billones. La diferencia —unos 4 billones de pesos— es el costo de las decisiones erráticas de la 4T. Es riqueza que nunca se generó, inversión que nunca llegó, empleos que nunca existieron.

La paradoja de la 4T La Cuarta Transformación puede presumir que hoy los asalariados tienen una mayor tajada del pastel. Pero el pastel es más pequeño. La justicia redistributiva se logró, sí, pero sobre una base debilitada. México es más equitativo, pero también más pobre de lo que podría haber sido. Esa es la paradoja: un país que reparte mejor, pero produce menos.

Este contraste —equidad sin crecimiento— es el dilema que marcará el legado económico de la 4T. La pregunta que queda flotando es si la justicia social puede sostenerse en el tiempo sin un motor productivo que la respalde.

Evidentemente esto no es así.

Nadie puede negar entonces que la 4T por supuesto que ha atendido un reclamo histórico del país. Con justicia se ha avanzado en un asunto de elemental. El grave problema es que esta justicia distributiva ha sido sustentada por un sostenido sobre endeudamiento de la economía desde que López Obrador llegó al poder. Para dar el dato: al cierre de 2018, la deuda pública amplia de México representaba aproximadamente el 44.8% al 46% del PIB (equivalente a unos 10.5 billones de pesos), mientras que al finalizar 2025 cerró en un nivel histórico de 52.6% del PIB (alrededor de 18.5 billones de pesos) Lo que quiere decir es que la 4T vía endeudamiento, ha logrado además de la mejora inobjetable de los salarios, redistribuir la riqueza vía transferencias directas de dinero a las grandes masas, con los grandes réditos electorales que ello significa, pero el modelo económico como está es insostenible en el largo plazo, nadie puede para siempre financiarse vía préstamos.

Irremediablemente el viraje en el modelo económico vendrá, hacia un modelo que promueva la inversión que es lo único que genera prosperidad sostenida. Maravilloso y plausible la redistribución económica lograda, el asunto es que ya la presidenta corrija lo necesario para incentivar la economía, o una futura crisis lo hará por la vía forzosa de la realidad.

Escrito en: OPINIÓN EDITORIALES justicia, billones, México, económico

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