
Cuba: la necedad de vivir sin tener precio
La situación que enfrenta Cuba en la actualidad constituye uno de los escenarios más injustos e infames del hemisferio occidental. Los efectos del embargo estadounidense que se ha extendido por más de 60 años se recrudecen en demérito del pueblo cubano.
Las restricciones al comercio, al financiamiento internacional y al acceso a insumos estratégicos, como combustible o tecnología, han limitado la capacidad del Estado cubano para garantizar derechos básicos. Esta situación se traduce en una crítica situación humanitaria con afectaciones directas al derecho a la salud, al acceso a alimentos, al agua potable y a condiciones de vida digna.
A los problemas por el embargo se suman las medidas unilaterales implementadas recientemente por el presidente Donald Trump, que han cortado el suministro de petróleo a la isla, amenazado con imponer aranceles a los países que pudieran venderle el valioso recurso.
Estas acciones unilaterales nos regresan a etapas de la humanidad que se consideraban superadas, donde la fuerza y no las leyes regían la relación entre los pueblos y se imponían asedios para que la población feneciera por inanición a fin de ocupar arbitrariamente sus territorios, comprometiendo hoy los derechos humanos, económicos y sociales del pueblo cubano.
Ante este contexto, México ha construido una posición que no puede entenderse únicamente como una reacción coyuntural, sino como la expresión de lo mejor de la tradición de su política exterior, profundamente arraigada en la no intervención y respeto a la autodeterminación y soberanía de los pueblos.
Esta visión fue reafirmada recientemente por la presidenta Claudia Sheinbaum durante la conmemoración del natalicio de Benito Juárez, donde evocó el reconocimiento histórico del derecho de Cuba a su autodeterminación y subrayó que México mantiene la misma convicción: que el pueblo cubano debe decidir libremente su destino, sin injerencias externas.
México ha llevado a cabo acciones de apoyo en los últimos meses. Entre ellas destaca el envío cientos de toneladas de ayuda humanitaria a través de buques de la Armada de alimentos básicos y productos de primera necesidad, insumos médicos y bienes esenciales e incentivando la participación en iniciativas de solidaridad regional que movilizan recursos desde la sociedad civil en la que destacan las flotillas de organizaciones internacionales que han partido con ayuda desde Veracruz, Puerto Progreso o Isla Mujeres.
En un contexto marcado por el debilitamiento del derecho internacional y del multilateralismo, esta postura no sólo refleja coherencia histórica y apego al derecho, sino también ética. Plantea una alternativa clara: frente a la coerción, la cooperación; frente al aislamiento, la solidaridad; frente a la fuerza, el pacifismo.
Por más diferencias que pueda tener cualquier gobierno contra el régimen político cubano, nadie puede arrogarse el derecho de hacer sufrir a su pueblo. Cuba representa la defensa de su soberanía; la resistencia frente a las presiones externas; la hermandad histórica; la identidad de un pueblo frente a una potencia que pretende coparlo todo. Representa, en palabras de Silvio Rodríguez, "la necedad de vivir sin tener precio". Un horizonte de dignidad.