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De Política y Cosas Peores

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ARMANDO CAMORRA

“Busco a un hombre que me haga feliz. Soy guapa (90-60-90), culta, inteligente, simpática y dueña de varios negocios que producen buen dinero”. El mensaje apareció en las redes sociales. La mujer que lo puso recibió 2.150,236 millones de respuestas de hombres que le ofrecían ser su marido. Contestó ella: “No, marido ya tengo”. Don Poseidón se sobresaltó grandemente cuando su hija Glafira le comentó: “Una estadística dice que el 37 por ciento de las mujeres solteras son vírgenes, y el 63 por ciento ya no lo somos”. La verdad es que fue Trump quien acabó con el Mencho. No hablo de la intervención de la inteligencia norteamericana en las acciones que condujeron a la captura y abatimiento de ese criminal. Me refiero a la presión ejercida por el ocupante de la Casa Blanca sobre la presidenta Sheinbaum. De no haber sido por las constantes exigencias del yanqui la mandataria no se habría apartado de la estúpida cuanto nefasta política de “abrazos, no balazos” implantada por su antecesor, que pacientemente puso los abrazos mientras los narcos aportaban los balazos. Por causa de tal complacencia, que en ocasiones llegó a parecer complicidad, la delincuencia organizada extendió y consolidó su dominio en vastas zonas del territorio nacional, como lo evidenció el hecho de que la captura y muerte del individuo provocó actos de violencia en 20 estados de la República, más de la mitad de las entidades de la nación. Desde luego es de reconocerse la actuación del Ejército, Guardia Nacional y demás elementos armados que participaron en las acciones del domingo, pero hay que decir que este episodio es sólo uno más de los que ha habido antes y los que seguirán después. Sucede que el núcleo del problema no está en México, sino en Estados Unidos. Mientras haya quien compre drogas habrá quien las venda, y el país del norte es el mayor mercado del mundo. Nosotros sufrimos las consecuencias que trae consigo la abundancia de consumidores allá. Por lo que hace acá, al morir o caer preso un capo su lugar es ocupado de inmediato por otro, u otros. No es difícil vaticinar que las cosas seguirán como hasta ahora, o peor. Esto es un trágico cuento de nunca acabar. Volvamos los ojos al pasado, y recordemos la época en que se prohibió la venta de alcohol en Estados Unidos. La llamada Prohibición no tuvo otro efecto aparte de provocar un gigantesco tráfico ilegal, una enorme corrupción y el surgimiento de violentas bandas criminales que causaron innumerables muertes, hasta que la absurda Ley Volstead fue derogada no sólo por inútil, sino sobre todo por dañosa. El estudio de esa lección de la Historia quizá sería útil en el caso de las drogas. Sonó el teléfono en el hospital siquiátrico y preguntó una voz: “¿Hay alguien en la habitación 301?”. Respondió la encargada: “Permítame un momento”. Y luego: “No, no hay nadie”. “Magnífico -se alegró el que llamaba-. Eso significa que realmente me escapé”. La púdica doncella le dijo al avieso sujeto en la isla desierta a donde ambos habían llegado después del naufragio de su barco: “Primero demuéstrame eso que dices, que eres Oficial del Registro Civil y que estás facultado para casarnos”. Aviso importante. La historieta final que ahora sigue es algo inconveniente. Las personas que no gusten de leer historietas que sean algo inconvenientes deben saltarse hasta donde dice “FIN”. En la habitación número 210 del Motel Kamawa la chica vio por primera vez al natural a su galán. Le dijo: “Siempre has fumado mucho ¿verdad?”. “Sí -admitió él-. ¿Cómo lo supiste?”. Explicó ella: “Es que siempre oí a mi papá decirle a mi hermano que si fumaba no le crecería la cosa ésa”. FIN.

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