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De Política y Cosas Peores

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ARMANDO CAMORRA

No falto a la verdad, aunque sí a la caridad cristiana y a la buena educación, si digo que Uglicia era más fea que pegarle a la Madre Teresa. Le comentó al consejero matrimonial: “Mi marido insiste en hacerme el amor con la luz apagada, y si la enciendo cierra los ojos”. Respondió el terapeuta: “La escucho, señora, pero por favor voltéese hacia la pared”. (Aquí entre nos, una noche el marido de Uglicia llegó a su domicilio en hora inesperada, y la sorprendió celebrando the old in and out con un sujeto en el lecho conyugal. El señor exclamó lleno de asombro: “¡Caramba, mujer! ¿Cómo hiciste para convencerlo?”). “Siento un dolor constante en los testículos” -le informó Babalucas al médico. Sin decir palabra el facultativo tomó unas grandes tijeras. “¡Ánimas benditas! -se espantó Babalucas, que conservaba las jaculatorias aprendidas de su piadosa abuela-. ¿Qué va usted a hacer, doctor?”. “A cortarle la parte alta de las botas -respondió el facultativo-. Son ellas las que lo están lastimando”. El PAN perdió su registro en Coahuila. Eso me entristeció moderadamente. Acción Nacional fue otrora “el partido de la gente decente”. En Saltillo, mi ciudad, formaban parte de él ciudadanos que contra toda esperanza combatían la “brega de eternidad”, cuando la dominación del PRI era absoluta y se decía que había tres clases de pendejadas: sembrar de temporal, jugar a la Lotería y votar por el PAN. Jamás milité en el partido blanquiazul, pero siempre simpaticé con él. Voté por todos sus candidatos a la Presidencia, excepción hecha de Fox y su pareja presidencial. Consideré un honor recibir en mi casa a don Luis H. Álvarez, a don Miguel Estrada Iturbide, a don Manuel González Hinojosa, que me ofrecieron candidaturas a diputado federal y a senador, las cuales decliné por juzgarlas incompatibles con mi profesión de periodista. Nunca he pertenecido a ningún partido político, pero de haber tenido que escoger alguno habría optado por el que fundó un mexicano excepcional, don Manuel Gómez Morín. Ahora Acción Nacional no es ni la sombra de lo que antes fue. Hoy por hoy es un fantasma que si no llora su pasado es porque no lo conoce. Evoco a dos acendrados panistas saltillenses cercanos a mi afecto. Don Óscar Dávila, hombre de cultura extraordinaria que dictó un curso inolvidable sobre la Generación del 98, al que asistí de joven. Alguna vez don Óscar elogió en carta a un periódico cierto soneto mío. En su misiva me reprochaba ocuparme de política cuando podía escribir cosas como ésa. El otro panista destacado fue mi querido amigo Bibiano Berlanga Castro, a quien varias veces, estudiante yo de Leyes, saqué de la cárcel a donde fue llevado por el delito de pegar en las paredes propaganda del PAN. Al paso de los años, Bibiano llegó a tener a su cargo la alcaldía de Saltillo, y en el breve tiempo que la ocupó llevó a cabo una excelente labor. El recuerdo de este amigo, y la evocación de aquel gran señor que fue don Óscar Dávila, me acompañan en la tristeza que ahora siento por la pérdida del registro del partido al que dieron lo mejor de sí mismos. Ellos descansan en paz. En paz descanse el PAN. El encargado de seguridad del hotel escuchó a la pareja de recién casados discutir acaloradamente en la suite nupcial. Ella decía, enérgica: “¡PD!”. Y respondía él, terminante: “¡No! ¡PC!”. “¡PD!” -repetía, inflexible, la muchacha. Y el galán, enojado: “¡PC!”. Al oír esa fuerte discusión, que no acababa, el guardia llamó a la puerta y les preguntó: “¿Qué sucede?”. Respondió molesto el novio: “Ella quiere que primero desempaquemos”. (No le entendí). FIN.

Escrito en: OPINIÓN partido, Óscar, PAN., Nacional

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