
De política y cosas peores
Según me dicen, el cuento que hoy descorre el telón de esta columna es colorado en México, verde en España y azul en Estados Unidos. Eso quiere decir que es sicalíptico. Las personas afectadas de pudicia deben abstenerse de leerlo. Llegó una atractiva damisela y le dijo al médico: “Quiero que me saque un diente”. Replicó el facultativo: “El consultorio del odontólogo está al lado. Yo soy cirujano”. “Precisamente -replicó la chica-. El diente lo traigo en el busto”. (No le entendí). “Ramón López Velarde: está franca la puerta para tu audacia lírica”. Otro gran López de la poesía mexicana, el guanajuatense Rafael López, inició con esas palabras el bello soneto alejandrino que dedicó al bardo de Jerez. Ciertamente el autor de “La suave patria” era audaz, y por lo mismo deslumbrante, al crear sus imágenes. En su poesía el alba es una estola de violetas, y el relincho de su caballo un penacho gozoso del paisaje. En “Hormigas”, uno de sus más sensuales y eróticos poemas, López Velarde describió el hormigueo que sentía en las venas a la vista de “los fértiles bustos”. Muy usada en los ámbitos universitarios es la expresión latina “alma mater”, que significa algo así como “madre nutricia”. Por eso el alma mater, protectora y benéfica, es representada como una mujer en plenitud de edad con ubérrimos senos y un libro en las manos. Eso significa que vamos a nuestra casa de estudios a nutrirnos con el saber que en sus aulas aprendemos, igual que otrora recibimos el alimento del seno materno. Advierto, sin embargo, que estoy divagando. Si a alguien le interesara le diría que toda mi vida, hasta la fecha, ha sido una divagación. A lo que voy es a decir que hace unos días regresé a mi alma mater, la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila. El director de la prestigiosa institución, doctor Alfonso Yáñez Arreola, me distingue invitándome cada año a dar la bienvenida a las alumnas y alumnos de nuevo ingreso. Ocasión placentera, a más de honrosa, es ésa para mí. Esta vez les dije a las muchachas y muchachos, chicas y chicos, chavas y chavos, o como se diga ahora, que la ley es el fundamento en que se basa una comunidad segura y ordenada. De ahí el lema latino de esa facultad: “Ubi jus ibi societas”. Donde hay derecho hay sociedad. Ahora digo aquí que la absurdamente llamada 4T fue engendrada por un hombre que a lo largo de su larga carrera política ha mostrado un absoluto desprecio por la ley, a la que considera cuento en vez de considerarla cimiento. De ese insano desdén por el Derecho han derivado muchos de los males que hoy por hoy hacen de la vida pública de México una cloaca hedentinosa. Buscaré el significado de la palabra “hedentinosa”, narraré algunos cuentecillos finales y luego me despediré. “Hedentinosa: que despide hedor”. Un changuito caminaba penosamente. Alguien le preguntó la causa. Explicó: “Es que por equivocación fui con un veterinario especializado en elefantes”. Inquirió otro: “¿Cómo te diste cuenta del error?”. Penosamente respondió el monito: “Por el tamaño del termómetro rectal”. Doña Macalota sorprendió a su casquivano esposo don Chinguetas en indebida refocilación carnal con una exuberante mesalina. Poseída por ignívoma iracundia lo llenó de inris, pesias y dicterios. Replicó él: “Tú fumas, roncas y todo el día te lo pasas viendo series. Y a mí ¿qué otro defecto me conoces?”. Jactancio Elátez, sujeto narcisista, egocéntrico y mamón, no necesariamente en ese orden, se señaló el bíceps y le dijo a su esposa: “Un centímetro más aquí y podría ser Mister Universo”. Acotó la señora: “Y un centímetro menos allá y podrías ser Miss Universo”. FIN.