
Degradación
“Entre los individuos como entre las naciones…”
B. JUÁREZ
El colapso es muy profundo. Para muestra las intervenciones en la Asamblea General de Naciones Unidas. En su origen está el mayor intento de pacto civilizatorio global que la humanidad ha construido. Misiones superiores universales: UNESCO, armas nucleares, salud, alimentación, derechos humanos, libertades y otros. La búsqueda de la paz por todos los caminos. Hubo anuncios de la degradación. La palabra es el gran instrumento de civilidad con el que contamos: escuchar y opinar, construir acuerdos sólo con palabras. Defender posiciones con ideas y argumentos.
La degradación ya lleva tiempo. En 1960, Jrushchov golpeó con su zapato el escritorio para reclamar al delegado de Filipinas, quien acusaba a la URSS de “tragarse” a los países de Europa del Este.
“Ayer vino el Diablo aquí…huele a azufre todavía”, Chávez en 2006, un día después de la intervención de George W. Bush. En septiembre de 2017, Trump atacó al líder de Corea del Norte llamándolo “el pequeño hombre cohete”. “Si hay algún otro cobarde moral que aún no haya abandonado esta sala, por favor hágalo ahora”, amenazó Netanyahu hace unos días a los delegados de muy diversas naciones que salían del salón. Sheinbaum contestó de lejos con ironía. Pero es la jefa de Estado, debió haber asistido y más en estos momentos. Si México es el epicentro de los cárteles, ¿cuál es el epicentro del consumo? Dicho… pero en Nueva York.
Naciones Unidas cuenta con un mecanismo (MUN) que prescribe el lenguaje aceptable y por supuesto, proscribe los términos ofensivos que deben quedar fuera de las intervenciones. Por ejemplo, “yo creo” está vetado. Pobre Trump. En todo caso se debe hablar a nombre de una delegación. El MUN también prohíbe los llamados discursos de odio, el lenguaje peyorativo y discriminatorio basado en raza, religión, género, origen étnico, discapacidad, orientación sexual o estatus económico. “Cobardes morales”, dijo Netanyahu. Milei acusó a Naciones Unidas de no garantizar la seguridad colectiva y los derechos humanos. “Votaron sistemáticamente en contra de Israel mientras hacían silencio frente al terrorismo islámico y ante genocidios de cristianos en África”.
Defendió como causa nacional a las Islas Malvinas…”, el llamado Sea Lion de perforación petrolera y cuestionó la capacidad de la ONU para hacer cumplir sus decisiones. Se fue hasta la pandemia y sentenció: La ONU “… se convirtió en una organización inútil que sólo sirve para alimentar una casta de parásitos, fatalmente arrogantes, disfrazados de burócratas bien intencionados”. No dejó títere con cabeza.
Las deficiencias de Naciones Unidas están ante los ojos del mundo. La perversa relación de los financiamientos de las grandes potencias a los programas impulsados, hace que la organización tenga dueños. Revisemos las novedades de la Unión Europea y atendamos al porqué de la debilidad de la actual ONU. Defendamos la vía pacífica y el diálogo para sacar adelante los conflictos que se reproducen sin contención. Propiciar el vacío es postular la barbarie. Trump se lanzó contra la Corte Penal Internacional, la instancia creada para suplir las limitaciones de la Corte Internacional de Justicia y que puede perseguir tiranos.
El martes 18, ante las amenazas en contra de su presidenta Tomoko Akane y del Fiscal de la Institución el senegalés Abdoulaye Seye, la Corte Penal reviró: “Cuando se amenaza a los actores judiciales por aplicar la ley, lo que se pone en riesgo es el propio orden jurídico internacional”. “Nada de amedrentamiento, apoyo total a las víctimas de atrocidades inimaginables”. Hasta allí hemos llegado: Trump y Rubio amenazando jueces.
Regresemos a lo básico: el lenguaje como el mejor instrumento con el que cuenta la humanidad para enfrentar las adversidades internacionales.
La convivencia es obligada. Defendamos la civilidad en su origen. Cero margen de tolerancia a la majadería en la máxima tribuna del mundo.