
Del vellocino de oro del poderal naufragio de las decisiones extremas
Donald Trump volvió a cambiar las reglas de la geopolítica de América Latina y del resto del mundo, al igual que el Mago de Oz en su versión original publicada en 1920 desafía todo lo establecido haciendo uso de sus facultades y habilidades de magia. Cada día sus hilos de mercería rompen acuerdos anteriores y causan distintas reacciones. "Ya no pensaré en la paz del mundo" frase lapidaria, pero más grave aún, amenazar con aplicar aranceles del 10% a partir del 10 de febrero y con aumentos hasta junio a los países que apoyan a Groenlandia: Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Finlandia y Gran Bretaña.
Para América Latina tiene presiones especiales así como control y conocimiento de todas las actividades y personajes que ponen en riesgo la seguridad de los Estados Unidos.
El revuelo escenográfico involucra a los organismos internacionales, la oratoria, sin duda inteligente, convoca a gran cantidad de países a una reacción inmediata.
Para hacerle frente a la situación me limito a hacer alusión a la idea del Presidente Trump de entrar a Groenlandia atacando si es necesario sin detenerme en su personalidad y decisiones extremas.
Su actitud impresionista se ha volcado más allá de las miras comerciales. Trump utiliza los aranceles como medio de presión lejos de cualquier diálogo, esto es la hora fatídica, el tiempo del caos: ¡Quién lo hubiera imaginado! que todo empezó en las altiplanicies venezolanas hasta llegar a caracas y capturar a Nicolás Maduro, quien pasó de la soberbia a la triste figura de los derrotados.
Colombia, Nicaragua y Cuba ya tienen su ruta trazada por funcionarios del Departamento de Estado, no por la lógica de resolver, si no para demoler sus conductas ocultas. El Presidente Trump no necesita de una adoración como la entrega del premio Nobel de la Paz que le compartió María Corina Machado.
Tampoco creo el papel de Delcy Rodríguez, encargada de la administración del gobierno venezolano, ya que representa y defiende una dictadura contraria a lo que Trump está exponiendo para su aniquilación.
En el caso de México, las dudas son mayores, no hay señales de congruencia entre lo que afirma la presidenta Claudia Sheinbaum y la realidad que estamos observando.
Son viejos problemas y nuevos dilemas. La falta de transparencia guarda todo el olvido para ciertos personajes, fastuosas verdades a medias ¿cómo enfrentar la más difícil prueba en la relación con Estados Unidos? No toda la población se ha detenido siquiera un minuto para pensar si estamos al borde de un abismo. Violencia en aumento, jóvenes desaparecidos, aviones militares, ataques a la libertad de prensa, etc. Tal parece que se pretende sepultar a la democracia e impulsar la domesticación social.
Sin instituciones y estado de derecho solo se percibe la vanidad alzada desde Palacio Nacional. No olvidar que todos los presidentes desde Echeverría hasta Peña Nieto, enfrentaron problemas y fueron considerando no el pasado, si no el futuro para desarrollar al país. Aún faltan los cambios y las condiciones que ignoramos del Presidente Trump si no se llevan a cabo sus sugerencias. La verdad es el único valladar de la política lo cual demuestra que el consenso es expansivo y en ese terreno, no hay diferencias insalvables cuando existen ética y voluntad para comunicarla.
Las campañas presidenciales del año 2000 cobraron nuevos ímpetus y el discurso político se tiñó de nuevos elementos que se entremezclaron; como la violencia verbal, las descalificaciones, la intimidación y el esfuerzo serio para convencer a aquellos electores que aún no decidían el rumbo de su voto.
El país entero se convirtió en un gigantesco escenario electoral: aparecieron candidatos de centro, derecha e izquierda, para animar la campaña.
Vicente Fox fue el candidato del Partido Acción Nacional que llegó al último tramo rumbo al 2 de julio y precedido de una fuerza de contrapeso del 32% en las encuestas, un repunte inesperado. Su avance en las preferencias del electorado fue más allá de lo esperado.
"Los amigos de Fox" fue una estrategia que puso a prueba la capacidad del pueblo de México para la alternancia del poder. Conquistó a los ciudadanos y su triunfo marcó un nuevo derrotero para la democracia, algo que no volveremos a ver en mucho tiempo, porque se está sepultando.
Tal vez sea la gran pregunta que se está haciendo el Presidente Trump: ¿a dónde va este país con tantos problemas y equivocadas soluciones?