
Descompresión bilateral: Paso I
"The easy way or the hard way" Donald Trump,2026.
Existen varias razones estratégicas, políticas y personales por las que el presidente Trump ha abierto tantos frentes internacionales en este su segundo mandato -especialmente con Groenlandia, Irán, Venezuela y México, más los que se acumulen esta semana- al diferir su enfoque de administraciones más centradas en el multilateralismo o la diplomacia tradicional.
La prioridad de lo que se considera intereses directos en seguridad y económicos de los Estados Unidos, no representa un freno para confrontaciones o acciones unilaterales. El magnate ha expresado que su propia moral y juicio son las guías que definen estos intereses y en ese marco se publica la NSS2025 que invoca a la Doctrina Monroe, ahora reinterpretada como la "Doctrina Donroe", sugiriendo que tiene autoridad para intervenir contra lo que se consideran amenazas. El cuadro venezolano es el principio de una cadena de acciones en la región para lograr un control sobre el Hemisferio, subestimarlo es un error de juicio y de estrategia política.
Abrir tantos frentes, que sirven como distractores de la tensa situación política doméstica que se vive en algunas ciudades de los Estados Unidos, no es por casualidad sino parte de su estrategia deliberada basada en proyección de fuerza, nacionalismo, rivalidad con potencias globales y el cumplimiento de sus promesas de campaña en el marco de las elecciones intermedias.
México enfrenta una coyuntura de tensión comercial y de definición del futuro del T-MEC. La presente revisión del tratado comercial transformará la integración económica regional y por ende se abren las puertas para la búsqueda de nuevos socios y de tratar de fortalecer el mercado interno. Sin embargo, el gobierno de Sheinbaum parece no entender el eslabón para atenuar la rispidez en la relación bilateral; México no está dando "resultados tangibles" en materia de seguridad.
No es necesario un análisis sesudo sobre lo que la frase conlleva. Miles de detenciones de objetivos prioritarios generadores de violencia, millonarios decomisos y laboratorios incautados, no llenan ya la pupila estadounidense. Los cárteles no operan solos. La hidra político-criminal sigue intacta permitiendo que el sistema se regenere. Cualquier operación antidrogas es ineficaz y cosmética. Sheinbaum no está resolviendo sino administrando un problema.
Se requieren resultados concretos contra las redes políticas corruptas que nadan en la esfera de Morena. La pérdida de confianza bilateral lleva la relación al terreno puramente conflictivo. Y la Presidenta apenas lleva un año en el poder y allá la presión política interna está empujando a Trump a endurecerse.
Sin castigo a la corrupción política, no hay confianza bilateral y el magnate utiliza la omisión y ambigüedad de Sheinbaum como herramienta de negociación y poder. No alcanza la "cabeza fría" si se tienen límites reales para actuar sin generar crisis internas.
Las señales son múltiples sobre el hartazgo estadounidense de la tolerancia de Sheinbaum a la impunidad de esas redes político-criminales. La descompresión bilateral pasa por la báscula de romper ese pacto político-criminal. Una convivencia incómoda con Estados Unidos los próximos meses no es una solución, sino representará el desafío por el costo de no actuar. Y si se analiza la hoja de ruta de Washington, no hay sorpresas en la estrategia de coerción. Sólo faltaría la inteligencia en la respuesta.