Nosotros

SALUD

Días de viento: guía para cuidar la piel por completo

Días de viento: guía para cuidar la piel por completo

Días de viento: guía para cuidar la piel por completo

DANIELA ALMAGUER

Hay días en los que el clima engaña, no hace tanto calor, el sol parece tenue y, aun así, la piel termina roja, áspera o tirante al final de la jornada. Los días ventosos no solo mueven hojas y cabellos, también alteran el equilibrio cutáneo. El aire acelera la evaporación natural del agua de la epidermis, arrastra polvo microscópico y vuelve más vulnerable la barrera protectora, el resultado es una piel opaca, sensible e incluso reactiva.

Lejos de ser una simple incomodidad, los dermatólogos describen este fenómeno como una combinación de deshidratación ambiental e irritación mecánica. El viento actúa como una lija invisible, elimina lípidos naturales que mantienen la suavidad, deja expuestas terminaciones nerviosas y favorece la inflamación. Por eso la piel puede resentirse más que en un día soleado convencional.

Además, el polvo suspendido en el aire se deposita sobre el rostro durante horas. Estas partículas finas se mezclan con sudor y grasa, obstruyen poros y contribuyen al aspecto apagado, incluso en pieles sensibles o con tendencia al acné, este escenario puede traducirse en brotes, rojeces o descamación.

¿QUÉ LE PASA A LA PIEL CUANDO HAY AIRE?

Durante un día ventoso ocurren tres procesos simultáneos, la pérdida acelerada de agua de la epidermis provoca tirantez inmediata, el daño en la barrera cutánea disminuye los lípidos protectores y aparece sensibilidad, y la acumulación de partículas permite que polvo y contaminantes se adhieran con mayor facilidad. Por eso muchas personas sienten la piel “estirada” al sonreír o lavarse la cara después de haber estado al exterior; no es solo sequedad, es un mecanismo de defensa alterado.

¿CÓMO PROTEGERLA?

Para empezar, antes de salir, la piel necesita más que humectación ligera. Se recomienda aplicar primero un suero hidratante con ácido hialurónico o glicerina y después una crema rica en lípidos como ceramidas o escualano. Esta combinación atrae agua y luego la sella, evitando que el viento la evapore. Aplicar la crema cuando la piel aún está ligeramente húmeda mejora notablemente su efecto.

Además, el viento no sustituye al sol. Cuando la barrera cutánea está debilitada, los rayos UV penetran con mayor facilidad. Un protector solar de amplio espectro SPF 30 o superior ayuda a prevenir inflamación, manchas y envejecimiento prematuro.

Por otro lado, las mejillas, nariz y labios son las primeras áreas en resentirse. Un bálsamo espeso o pomada oclusiva crea una película protectora que evita la irritación directa, especialmente durante trayectos prolongados al aire libre.

Y después de un día de aire, el objetivo no es desengrasar, sino retirar polvo sin agredir. Lo ideal es una limpieza doble suave, primero un bálsamo o aceite para remover partículas y después un limpiador cremoso sin sulfatos para equilibrar. El agua muy caliente debe evitarse porque aumenta la inflamación y la sequedad.

Finalmente, la noche es el momento clave para restaurar la barrera cutánea, ingredientes como pantenol, centella asiática, avena coloidal o niacinamida ayudan a calmar enrojecimiento y reconstruir la protección natural.

También se recomienda beber suficiente agua durante el día; ayuda a mantener elasticidad, evitar exfoliaciones fuertes cuando hay mucho viento previene irritaciones, usar gafas que protejan el contorno de ojos, preferir maquillaje hidratante en lugar de acabados mate reduce resequedad y aplicar bálsamo labial.

SEÑALES DE ALERTA

Si la piel presenta ardor persistente, descamación marcada, grietas o sensibilidad extrema, puede tratarse de dermatitis por irritación ambiental. En esos casos conviene suspender activos fuertes como retinoides o exfoliantes químicos y priorizar reparación. Si no mejora, es recomendable consultar dermatología.

En definitiva, un día ventoso no es un descanso para la piel, sino una prueba de resistencia. Mientras el sol envejece lentamente, el viento desgasta de inmediato. Por eso una rutina enfocada en proteger, sellar y reparar se convierte en la mejor aliada para conservar una piel luminosa incluso cuando el clima insiste en llevarse su equilibrio.

Escrito en: Salud Piel piel, viento, agua, barrera

Noticias relacionadas

EL SIGLO RECIENTES

+ Más leídas de Nosotros

TE PUEDE INTERESAR

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas