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DESAPARECIDOS

Doble tragedia golpea a madre duranguense

Esmeralda Quintero trabaja por temporadas en Sinaloa, mientras busca a su hija desaparecida y cuida a otra con cáncer avanzado.

Doble tragedia golpea a madre duranguense

Doble tragedia golpea a madre duranguense

DINORA G. SOLÍS

Esmeralda Quintero es madre, jornalera agrícola y buscadora. La duranguense hoy vive una de las pruebas más duras que puede enfrentar una mujer: la desaparición de una hija y la enfermedad terminal de otra.

Para sobrevivir y seguir buscando respuestas, se ve obligada a migrar por temporadas a Sinaloa, donde trabaja en empaques de tomate y pepino, sin dejar de pensar un solo día en sus hijas y en sus nietos.

Dolor. Esmeralda asegura que no ha tenido tiempo ni siquiera de llorar a su  hija desaparecida porque tiene que seguir de pie por sus niños.

Dolor. Esmeralda asegura que no ha tenido tiempo ni siquiera de llorar a su hija desaparecida porque tiene que seguir de pie por sus niños.

LA DESAPARICIÓN DE RUBÍ AMAIRANI 

Rubí Amairani Correa Quiñones desapareció el 24 de enero de 2025 en la comunidad de Las Puentes, municipio de Navolato, Sinaloa. De acuerdo con el testimonio de su madre, ese día la joven salió con su pareja en una motocicleta negra para comprar tortillas. Nunca regresaron.

Rubí Amarany Correa Quiñones desapareció el  24 de enero del 2025  en la  comunidad de Las Puentes perteneciente al municipio de Navolato, Sinaloa.

Rubí Amarany Correa Quiñones desapareció el 24 de enero del 2025 en la comunidad de Las Puentes perteneciente al municipio de Navolato, Sinaloa.

"Después me dijeron que a ellos ya se les había advertido que no entraran a ese lugar porque estaba tomado por personas del crimen organizado, pero se les hizo fácil", relata Esmeralda.

En ese momento, ella se encontraba trabajando en La Cruz de Elota, mientras Rubí laboraba en el campo, en una zona conocida como Pénjamo. Días antes, su hija le había confesado que tenía problemas con su pareja y que estaban por separarse. Esmeralda le pidió que aguantara una semana, que ella le mandaría dinero para que se regresara con ella, pero la comunicación se perdió.

"La última vez me pidió dinero para comer porque estaba batallando. Después ya no contestó llamadas ni mensajes", relata.

Fue la familia de la pareja de su hija quien le avisó que ambos habían sido "levantados". Después, Esmeralda acudió a Navolato para interponer la denuncia por desaparición. Desde entonces, no ha recibido información clara sobre el paradero de su hija.

Existen datos que aumentan la incertidumbre: la motocicleta en la que viajaban tampoco apareció y, según una persona que estuvo a punto de aportar información (pero que después ya no regresó para aportar datos, la pareja habría sido llevada por agua, en una zona pesquera con un solo acceso. "Hay muchas cosas sospechosas, pero como madre tengo miedo de hablar más, por mis hijos y mi familia", confiesa.

SOBREVIVIR Y SEGUIR BUSCANDO

Uno de los motivos por los que Esmeralda continúa trabajando en Sinaloa por temporadas es mantenerse cerca del lugar donde ocurrió la desaparición. "Desde aquí estoy como a una hora y media de donde se la llevaron. Mientras trabajo, trato de moverme, de buscar información", explica.

Esmeralda cuenta que en todo momento los hijos de Rubí preguntan por ella, en Navidad su mayor deseo era verla.

Esmeralda cuenta que en todo momento los hijos de Rubí preguntan por ella, en Navidad su mayor deseo era verla.

Sin embargo, no ha podido ingresar a la zona por razones de seguridad. Las autoridades y la persona encargada del caso le han recomendado no hacerlo. "Tengo hijos que cuidar", dice.

Aunque reconoce que en Sinaloa el detective asignado al caso mantiene comunicación constante, el avance es prácticamente nulo. "Me fueron muy honestos, me dijeron que lo que están revisando es en Semefo, los cuerpos que llegan", cuenta, con dolor.

También buscó apoyo en colectivos de madres buscadoras. A ellos les envió fotografías y datos de Rubí. "Me mandan lo que encuentran, fotos, indicios. Al menos siento que alguien me ayuda, que no estoy sola", afirma.

 LA OTRA HERIDA: EL CÁNCER

Tres meses después de la desaparición de Rubí, la tragedia volvió a tocar a la familia. Kenia Scarlett Correa Quiñones, de 23 años, comenzó con hemorragias en febrero y en abril recibió el diagnóstico: cáncer cérvico uterino.

Su  hija Kenia Scarlett de 23 años tiene varios requerimientos médicos que no siempre puede solventar y se requieren constantemente.

Su hija Kenia Scarlett de 23 años tiene varios requerimientos médicos que no siempre puede solventar y se requieren constantemente.

"La enfermedad ha avanzado mucho. Ya casi no puede levantarse ni caminar", relata Esmeralda. Kenia suspendió la radioterapia porque su cuerpo ya no resistía. Hoy se encuentra en etapa avanzada y requiere cuidados permanentes.

Su madre cree que el impacto emocional por la desaparición de su hermana agravó su estado. "Ella era una de las más apegadas a Rubí", señala.

 SIN DESCANSO, SIN DUELO

Esmeralda no ha podido tomar terapia psicológica, aunque ha recibido ofrecimientos. "No estoy preparada. Estoy con los niños, con mi hija, trabajando... ni siquiera he tenido tiempo de llorar", confiesa.

Además de Kenia, tiene a su cargo a varios nietos: dos niños de 10 y 9 años (hijos de Rubi), una niña de 7 años (hija de Kenia) y el otro hijo de Rubí de12 años que vive con su abuela paterna. "Hay días que no tengo fuerzas, pero tengo que levantarme. Yo soy un pilar para ellos", dice.

Los niños preguntan todos los días por su madre. En una carta a Santa Claus, uno de ellos pidió como regalo que le devolvieran a su mamá. "La niña sueña que su mamá regresa y la abraza. Yo solo les digo que seguimos orando para que vuelva con vida", relata con la voz quebrada.

 CARENCIAS Y APOYOS SOLIDARIOS

El tratamiento médico ha sido interrumpido varias veces por falta de recursos. La familia logró pagar un seguro, pero este solo cubre emergencias básicas. Muchos medicamentos, material de curación y cuidados especializados corren por su cuenta.

Kenia tiene sondas en ambos riñones y requiere curaciones diarias. Usa parches de morfina y otros medicamentos que Esmeralda compra como puede. "Hay días que no hay de dónde sacar", admite. Han recibido apoyo de personas solidarias y de iniciativas ciudadanas, como "El Proyecto Loco de Diana", que les ha ayudado con parches, pañales y despensa. "Hubo días en que no tenía ni para darles de comer a los niños", reconoce.

Kenia iene una sonda en cada riñón por lo que tienen que hacerle curación diariamente y  ponerle parches para que no se infecte.

Kenia iene una sonda en cada riñón por lo que tienen que hacerle curación diariamente y ponerle parches para que no se infecte.

También acudió a instancias de Desarrollo Social y al Congreso local, donde le brindaron apoyos limitados. Aun así, señala sentirse sola y abandonada por las autoridades, tanto en el tema de seguridad como en el de salud.

 AFERRARSE A LA FE

Esmeralda no sabe de dónde saca fuerzas. "Solo Dios nos ha respaldado. Y la gente buena que se solidariza. Pero cada vez que veo a una hija decaerse y a la otra no aparecer, siento que mi vida se va con ellas", expresa.

Su esperanza es que Rubí Amairani regrese con vida. "Solo Dios sabe qué va a pasar", dice. Mientras tanto, sigue trabajando lejos de casa, cuidando a sus nietos, acompañando a su hija enferma y esperando una llamada que cambie su historia.

APOYOS

Para Esmeralda, cualquier ayuda significa un respiro. Quienes deseen apoyar pueden hacerlo con despensas, ropa, zapatos para los niños y pañales para Kenia. También pueden hacerlo a través de su tarjeta BanCoppel 4169160897986197 a nombre de Esmeralda Quintero.

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