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Durango cerró con autoridad su paso por el Torneo Nacional Clasificatorio de Luchas Asociadas, disputado en Oaxaca, al asegurar 22 boletos rumbo a la fase final de la Olimpiada Nacional Conade 2026. En un escenario descrito por entrenadores y jueces como el clasificatorio más exigente de los últimos años, la delegación duranguense respondió con una actuación que la coloca entre las potencias juveniles del país.
El certamen reunió a representativos de todas las entidades, además de instituciones como IMSS, IPN y UNAM, lo que elevó el nivel competitivo en cada colchón. Aun así, los duranguenses lograron hacerse notar en los tres estilos: grecorromano, femenil y libre, con presencia constante en las rondas decisivas y una cosecha final que confirma el crecimiento técnico de la disciplina en el estado.
Durango sorprende en la competencia
En grecorromano, las categorías U13, U15 y U20 aportaron seis clasificados, con nombres que empiezan a consolidarse en el circuito nacional. En la rama femenil, el equipo mostró amplitud y contundencia: siete luchadoras avanzaron a la siguiente etapa, varias de ellas debutantes en un clasificatorio de este calibre. El estilo libre completó la cosecha con nueve plazas, destacando la fortaleza de las divisiones U15 y U17.
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El cuerpo técnico, encabezado por Alan Borunda, subrayó la madurez competitiva mostrada por un grupo que mezcla talento emergente con atletas que ya conocen el ritmo de las finales nacionales. La presencia del juez-árbitro Edgar Borunda también aportó experiencia duranguense en el plano organizativo y reglamentario del torneo.
Próximo desafío
Durango no solo clasificó, sino que resistió un torneo donde varias delegaciones históricamente dominantes quedaron fuera en categorías clave. La consistencia en divisiones ligeras y medias, especialmente en libre y femenil, fue uno de los factores que inclinó la balanza a favor del equipo.
La siguiente etapa, en Puebla, plantea un escenario distinto: cuadros más reducidos, rivales con historial de podios y un margen de error mínimo. Para Durango, el reto no pasa por repetir lo hecho en Oaxaca, sino por sostener la agresividad y la precisión que le permitieron sobrevivir a un clasificatorio que dejó pocas concesiones.
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