
Edwin Gámiz, emprendedor y fundador de Café Marfil y TeslaCel. (Foto: Isaías Sigoña)
Soñador, creativo y persistente, Edwin Gámiz se define como alguien que siempre está buscando romper barreras. Y esa intención ha sido el hilo conductor de todo lo que ha construido. Fundador de TeslaCel y Café Marfil, su historia no es una línea recta ni una fórmula replicable. Es, como él mismo la describe, un camino con subidas, bajadas y decisiones que muchas veces se toman sobre la marcha.
Antes de liderar el equipo que ahora tiene, Edwin empezó solo. Sin estructura, sin manual y sin certezas. “El mismo negocio te va marcando la pauta”, explica. Ese vaivén, fue parte del proceso. Hoy, con alrededor de 80 colaboradores, tiene claro que el crecimiento no es constante ni perfecto. Es dinámico. Y entender eso es lo que le ha permitido adaptarse sin perder el rumbo.
TeslaCel: cuando la pasión encuentra oportunidad
Su entrada al mundo de la tecnología no fue estratégica, fue natural, desde joven, mientras estudiaba informática, comenzó reparando computadoras casi por necesidad. Un familiar tenía un negocio y faltaba quien resolviera ese problema. Él levantó la mano.
Lo que empezó como una solución puntual se convirtió en una oportunidad. Así nació TeslaCel, no desde un plan de negocio estructurado, sino desde la curiosidad, habilidad y la intuición de que ese mercado tenía futuro en Durango.
Café Marfil: romper lo establecido
Si TeslaCel nació desde la tecnología, Café Marfil nació desde una inquietud completamente distinta. Una mezcla entre gusto personal y oportunidad. Como muchos emprendedores, Edwin tenía la idea de abrir un café. Pero no quería hacer “otro más”. El resultado fue un concepto que rompe con lo tradicional en Durango, un espacio versátil donde el horario, el menú y la experiencia no siguen reglas estrictas.
“En Marfil puedes desayunar una hamburguesa con cerveza… o cenar chilaquiles por la noche. No es solo una cafetería”, destaca. Es un lugar que se adapta al momento.
El verdadero valor del espacio
Más allá del menú o el diseño, hay algo que define lo que Café Marfil representa para él, lo que sucede dentro. Familias conviviendo. Parejas en primeras citas. Matrimonios reencontrándose. Amigos, reuniones, conversaciones.
“Esa diversidad de ambientes me gusta mucho”, comparte.
Porque al final, el éxito del lugar no está en lo que vende, sino en lo que provoca.

MÁS ALLÁ DE LA IDEA
Para él, el principal vacío en el ecosistema no es el dinero, sino la falta de capacitación. Muchos culpan al presupuesto cuando el verdadero límite es la carencia de herramientas y conocimientos. Su experiencia lo confirma: "El dinero no lo es todo".
Sin una base sólida de aprendizaje, ningún negocio es sostenible. Lo que realmente cambia la perspectiva es la experiencia. Aprender, equivocarse, entender el proceso. Porque un negocio puede ir bien… pero si no hay una base sólida detrás, difícilmente será sostenible.
Su consejo final para los que quieren emprender no es una frase inspiradora, sino una lección de realismo: “Una idea no vale nada”. Al final, las ideas son comunes y diarias; la diferencia real radica en la preparación para hacerlas realidad.
EN UNA PALABRA
- Éxito: felicidad
- Imprescindible: audífonos
- Emprender: vocación y necesidad
- Café ideal: flat White