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Frida Kahlo

El accidente que cambió la vida y la obra de Frida Kahlo ocurrió un 17 de septiembre

A los 18 años, un viaje de regreso a casa marcó para siempre el cuerpo y la trayectoria artística de Frida Kahlo.

Archivo Diego Rivera y Frida Kahlo, Banco de México

Archivo Diego Rivera y Frida Kahlo, Banco de México

REDACCIÓN WEB

La tarde del 17 de septiembre de 1925, Frida Kahlo abordó un autobús acompañada de Alejandro Gómez Arias, quien entonces era su novio. La joven, de apenas 18 años, regresaba a casa sin saber que aquel recorrido transformaría su vida y terminaría influyendo profundamente en su obra.

El vehículo circulaba por la Ciudad de México cuando fue embestido por un tranvía. De acuerdo con la cronología del Museo Frida Kahlo, el autobús no consiguió disminuir la velocidad antes del impacto, por lo que quedó prácticamente destruido.

Frida sufrió heridas de extrema gravedad. Su columna vertebral, pelvis, clavícula y varias costillas resultaron afectadas; además, su pierna derecha presentó múltiples fracturas. Un pasamanos metálico atravesó parte de su cuerpo, provocándole una lesión que ella misma describiría años después con crudeza.

Aunque sobrevivió, las consecuencias la acompañaron durante el resto de su vida.

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Una larga recuperación

Tras el accidente, Frida permaneció aproximadamente un mes internada en la Cruz Roja. Después comenzó una prolongada recuperación que incluyó operaciones, inmovilizaciones y el uso de corsés de yeso y otros dispositivos médicos.

Los dolores se volvieron recurrentes y, durante distintos periodos, quedó obligada a permanecer en cama. Aquella inmovilidad alteró los planes de la joven, quien antes del accidente se interesaba por estudiar medicina.

Fue durante la convalecencia cuando la pintura comenzó a ocupar un lugar central en su vida.

Su familia adaptó un caballete para que pudiera trabajar acostada y colocó un espejo sobre su cama. Al tener su propio rostro como una de las imágenes que podía observar constantemente, Frida comenzó a desarrollar los autorretratos que posteriormente se convertirían en una parte esencial de su legado.

En 1926, aproximadamente un año después del choque, pintó su primer autorretrato al óleo, dedicado a Alejandro Gómez Arias.

Archivo Diego Rivera y Frida Kahlo, Banco de México
Archivo Diego Rivera y Frida Kahlo, Banco de México

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El dolor llevado al lienzo

El accidente no solamente modificó la vida cotidiana de Frida Kahlo: también dejó una huella visible en su producción artística. Su cuerpo, las intervenciones médicas, la imposibilidad de escapar del dolor y el temor a la muerte aparecieron repetidamente en sus pinturas.

Obras como La columna rota, realizada en 1944, muestran de manera directa el sufrimiento físico de la artista. En ella, Frida aparece con el torso abierto y una columna arquitectónica fracturada en lugar de la columna vertebral, mientras numerosos clavos cubren su cuerpo.

Otros cuadros retomaron los corsés, las cicatrices, las camas de hospital y los procedimientos médicos que formaron parte de su existencia.

El accidente ocurrido aquel 17 de septiembre no creó por sí solo a la artista, pero sí cambió el rumbo de su vida. La pintura se convirtió en una forma de enfrentar el encierro, representar el dolor y construir una identidad que, décadas después, haría de Frida Kahlo una de las figuras mexicanas más reconocidas en el mundo.

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