
El ataque a la Guardia Nacional que pretenden que se olvide
Es cierto que la semana pasada la opinión pública en Durango estuvo centrada en el tema del aumento del Impuesto Predial, sin embargo, hubo una noticia que evidenció la grave problemática de inseguridad que se vive en el estado y, de paso, mostró la insensibilidad de las autoridades estatales con unas declaraciones bastante desafortunadas. El pasado martes 6 de enero, agentes de la Guardia Nacional fueron emboscados por un comando armado en el municipio de Nombre de Dios, Durango, a solo unos pocos minutos de la capital. Un ataque directo, con armas de alto poder, que otra vez ridiculizan esa versión de que "aquí no pasa nada".
Tras el hecho, un agente federal y un menor de edad que estaba en la zona, perdieron la vida. Incluso en redes sociales circuló un video en el que se puede apreciar el momento del ataque, donde se puede observar a por lo menos tres camionetas con sujetos armados disparando contra una patrulla de la Guardia Nacional, antes de emprender la huida.
LES ARREBATARON LA VIDA
Gabriel fue el menor que perdió la vida en el lugar. Él y su familia se encontraban varados a un costado de la carretera ya que el automóvil en el que viajaban había sufrido una falla mecánica y tuvieron que esperar la asistencia en carretera. Justo en el momento en el que esperaban a que el mecánico terminara de arreglar su vehículo para poder continuar su camino, a unos metros se desató la balacera contra los agentes de la Guardia Nacional que precisamente vigilaban la zona.
Al escuchar los disparos, la familia intentó ponerse a salvo dentro del vehículo, mientras que los agentes buscaban repeleer la agresión con sus armas, tirándose pecho tierra y rodando por parte del cerro. Desafortunadamente una de las balas del fuego cruzado impactó al menor, dejandolo seriamente herido, por lo que la familia inmediatamente solicitó el auxilio a otra patrulla de la Guardia Nacional que estaba en el lugar y que terminó por ignorarlo por intentar alcanzar a los responsables del ataque. La familia intentó trasladar al menor en el automóvil del mecánico, quien logró avanzar varios kilómetros con el menor herido hasta que logró encontrarse con una ambulancia de la Cruz Roja que los ayudó. Las lesiones de gravedad que presentaba no le permitieron sobrevivir.
En el lugar también perdió la vida el agente Juan Pedro Ramírez, originario de Santiago Papasquiaro, de 28 años de edad. Otros dos agentes resultaron heridos. Días después, cuando el elemento de la Guardia Nacional fue homenajeado y el cuerpo del pequeño Gabriel fue despedido, familiares y amigos de ambos alzaron enérgicamente la voz para exigir justicia, pidiendo a las autoridades estatales y federales que estos asesinatos no quedaran impunes, pues hasta el momento no había detenidos ni avances en la investigación.
DESAFORTUNADAS DECLARACIONES
Aún con este contexto, el secretario de Gobierno, Héctor Vela Valenzuela, fue cuestionado sobre el tema y sus declaraciones fueron lamentables. El funcionario estatal declaró que la muerte del pequeño Gabriel habría sido un "lamentable incidente" y que "no era necesario reforzar la seguridad en carreteras", ya que se puede transitar sin ningún problema pues las carreteras de Durango "están en paz". El típico discurso de una autoridad insensible. Ninguna autoridad puede hablar de paz y tranquilidad cuando dos personas fueron asesinadas y un grupo criminal atacó con armas largas a quienes se supone son la autoridad. Y la rúa a México no es la única que presenta estos problemas de inseguridad.
Apenas hace unos días una joven denunció en redes sociales haber sido secuestrada y despojada de su vehículo y pertenencias cuando viajaba a Mazatlán. Aunque no especificó si el hecho se dio en territorio sinaloense o duranguense, los reportes de este tipo en esa vía de comunicación se han vuelto comunes en el último año, donde igual se presentan bloqueos, robos y hasta el abandono de cadáveres sobre la cinta asfáltica. De igual forma las inmediaciones de Río Chico, en la carretera libre Durango a Mazatlán, se ha convertido en un "panteón ambulante", donde cada mes se localizan cuerpos de personas que fueron abandonados sin que ninguna autoridad parezca darse cuenta de lo que sucede.
Y ni qué decir de lo que sucede en otros caminos más alejados de la capital, sobre todo los que conectan con la Zona Sierra, en donde la ausencia de las autoridades se suple con el "gobierno" de grupos criminales que controlan el tránsito de acuerdo a sus intereses. La insensibilidad que muestra este Gobierno ante este tipo de tragedias son una constante que cada vez asombra menos. Este lamentable hecho no se olvidará tan facilmente como pretenden y, solo falta que, como acostumbran cuando se les cuestiona por temas de inseguridad, ahora los funcionarios estatales se pongan a "regañar" a quienes exigen garantías para circular en carretera.