
El día que una película infantil provocó el mayor error televisivo en la historia de la NFL
Hoy parece impensable, pero hubo un tiempo en el que los partidos de la NFL sí se cortaban por horario, incluso si el juego no había terminado. Y todo cambió una noche de 1968, gracias a una niña llamada Heidi.
El 17 de noviembre de ese año, los Oakland Raiders y los New York Jets protagonizaban un auténtico partidazo. Los Jets, liderados por Joe Namath, iban ganando y con solo 65 segundos en el reloj, acababan de anotar. Para cualquiera, el juego estaba decidido.
Pero en la cabina de control de NBC el problema no era el marcador… era el reloj.La programación marcaba que a las 7:00 en punto debía iniciar la película Heidi, una producción familiar muy esperada. Y alguien tomó una decisión que pasaría a la historia.

Pantalla negra.Corte abrupto.Y de pronto, una niña sonriente corriendo por los Alpes suizos.
Mientras millones de aficionados gritaban frente al televisor, las líneas telefónicas de NBC colapsaron. No era metáfora: la centralita literalmente se saturó por miles de llamadas furiosas. Algunos ejecutivos ni siquiera pudieron recibir los reclamos… porque los teléfonos dejaron de funcionar.
Y lo peor vino después.
Mientras Heidi seguía feliz en la montaña, en el campo ocurrió lo imposible:
los Raiders anotaron dos touchdowns en apenas nueve segundos, incluyendo una devolución de kickoff que dio la vuelta definitiva al marcador. Fue uno de los cierres más absurdos, caóticos y legendarios en la historia de la liga.

Nadie lo vio en vivo
El escándalo fue tan grande que al día siguiente la NFL y las televisoras tuvieron que reaccionar. De ahí nació lo que hoy se conoce como la “Regla Heidi”, una norma no escrita (pero sagrada) que establece que ningún partido puede ser interrumpido antes de que el reloj llegue a cero, sin importar horarios, parrillas o compromisos comerciales.
Gracias a ese error, hoy vemos overtime, retrasos, finales eternos y transmisiones que se alargan lo que tengan que alargarse. Todo para que ningún momento histórico vuelva a perderse por una decisión de programación.
Irónicamente, una película infantil terminó protegiendo para siempre los finales más salvajes del deporte.