
El lado oscuro de la Luna
Más allá del avance, la ciencia también se hace para la aniquilación. Sin embargo, el eufemismo nos habla de “desarrollo científico”. En ese sentido, muchas de las innovaciones tecnológicas se basaron en investigaciones científicas alentadas por la guerra. Durante años la carrera espacial fue el escenario de la guerra fría entre Estados Unidos y Rusia. Unos y otros buscaron llegar primero al espacio y a la Luna. En días recientes una misión estadounidense reafirmó el gusto por la propaganda en medio de una serie de problemas políticos y económicos. La mayoría de los medios se sorprendieron por la “novedad” de ver el lado oscuro de la luna. No obstante, ya desde 1959 la sonda soviética Luna 3 investigó y fotografíó la cara oculta. El interés astronómico hacia la luna y otros planteas cercanos radica en la posibilidad de explotar ahí materiales e incluso instalar colonias humanas. Pero ¿de quién es la Luna? A estas alturas será del país que más acerque al objetivo. Dicho de otra manera: la razón instrumental como medio de dominación.
Entre tanto, no hace falta ir al espacio para resumir el estado de la guerra como ese lado oscuro de lo humano. Dados los acontecimientos de Estados Unidos e Israel contra Irán, recordé esa frase atribuida a Bertrand Russell: “Los científicos hacen posible lo imposible, los políticos imposible lo posible”. Por ahora el magnate estadounidense es protagonista a todo costa. Genera un problema donde no lo había (el cierre del estrecho de Ormuz y sus consecuencias globales). Se compara con Cristo. Pelea con el Papa León XIV y lo acusa de ser demasiado liberal. Un día sí y otro también dice y se desdice. Hasta a sus partidarios los convierte en enemigos. De Tucker Carlson a Pam Bondi, recién destituida como fiscal general de los Estados Unidos. En esa lógica no importa la verdad sino la fidelidad. No contrariar al jefe. Joe Kent, director del Centro Nacional de Contraterrorismo faltó a la fidelidad y afirmó que “Irán no suponía ninguna amenaza inminente para nuestra nación, y está claro que iniciamos esta guerra debido a la presión de Israel y su poderosa influencia en Estados Unidos”. En consecuencia, dimitió de su cargo.
Regreso a la crítica papal al denunciar la “ilusión de omnipotencia”. Esa ilusión nos tiene al borde de un conflicto mayor. Primero empezó con las agresiones verbales y las falsas acusaciones contra Irán. Después pasó a los misiles. A eso le llaman negociación. No obstante, los gringos comprobaron que Irán no es Irak.
Para celebrar la Pascua el magnate sugirió un ataque nuclear. De manera unilateral impuso un plazo y dio el ultimátum a Irán: “Esta noche morirá toda una civilización” (martes 7 de abril). Por cierto ¿cuál es el único país que arrojó dos bombas atómicas contra otro país?
El mandatario estadounidense insistió: “Podemos destruir un país entero en una noche”. El tono de las amenazas siguió: “hacerlo desaparecer”, “volarlo todo”, “devolverlo a la Edad de Piedra”. Momentos de gran tensión se vivieron, sin embargo, Irán se mantuvo firme. Después de todo, en el orgullo e identidad histórica está el gran imperio Persa.
Desde la crisis de los misiles en Cuba en 1962, cuando Estados Unidos se quedó a punto de la guerra nuclear, no habíamos estado tan cerca de ese lenguaje que llama a la destrucción total. No es poca cosa. Por lo mismo más nos vale dimensionar lo que significa ante la historia. La física de Albert Einstein contribuyó al desarrollo atómico. Después de conocer sus efectos en Hiroshima y Nagasaki, vivió atormentado por las terribles consecuencias. Para su mala fortuna la revista Time de julio de 1946 lo llevó a la portada como el padre de la bomba al incluir la famosa fórmula en la nube atómica.
No está demás retomar la advertencia de Einstein: “No sé con qué armas se luchará la tercera guerra mundial, pero la cuarta guerra mundial será luchada con palos y piedras”.
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