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El México que ya no existe

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El México que ya no existe

El México que ya no existe

ROSARIO CABELLO

Si tuviéramos una idea de la inmensidad de los valores de una democracia como la que vivimos millones de mexicanos y que fuimos perfeccionando distintas generaciones con sus fallas y sus festos, desde la Revolución hasta el triunfo de lo que se ha dado en llamar "la cuarta transformación", estaremos entrando al túnel de la polémica más controversial de que se tenga memoria en la época moderna.

No está en discusión "fácilmente rechazada" la argumentación de la defensa de la soberanía, lo que acumula miles de interrogantes es el liderazgo para sostener la verdad, sus influencias y proceder, que contradicen el sentido genuino de una sociedad que debe ejercer sus derechos en absoluta libertad bajo la libre expresión de sus ideas y para el beneficio de la población en su conjunto y los retos del porvenir. Ya no se comparten las dificultades que el país enfrenta, desde mi mutación perspectual, se ha perdido el liderazgo que inspira, tanto en el ámbito político como en el escenario del valor que se percibe.

Un líder anticipa, consulta y prepara un plan de acción de grandes alcances. Alejandro Magno, tras la conquista de Babilonia impulsó el sentimiento humanista para abrirle camino al Cristianismo con su Paideia de fe y verdad.

En éste México ya no existe la ruta de la verdad, el itinerario de acontecimientos del anterior y el actual gobierno, señalan rutas peligrosas como el derecho de las audiencias, que aún no me queda clara su verdadera intención.

Ya no existen las Instituciones que nos ayudaron a la construcción de la legalidad o al núcleo de la sinceridad. La transformación es propiedad de un solo partido: Morena y una pléyade de políticos y de seguidores que no escuchan a los opositores.

Winston Churchil señaló que quien gobierna una nación no siempre debe recibir el reconocimiento. Las decisiones, lo advertía, son azarosas pero cuando se cumple con la justicia la historia lo recordará.

En México ya no existen esos espacios que disfrutamos con tranquilidad, ahí donde iniciaron nuestros sueños, y la violencia, no terminaba con vidas inocentes cuando se iba a la escuela de cualquier nivel escolar, sin temores y sin angustias, con la esperanza de aprender y mejorar.

Ya no existe nuestra historia como la conocimos, está siendo transformada. Ya hay una propuesta para cambiar las coordenadas de nuestra identidad, negando el paso de la conquista y la realidad.

La problemática que nos agobia como país debe permitirnos mantenernos alertas a la verdad, son los tiempos del proteccionismo que avanza sin respetar fronteras, nadie tiene derecho a alterar la vida de millones de personas que confiaron en un gobierno y lo llevaron al triunfo. Lo último que se debe perder es la confianza de que todo es posible si hay comunicación.

Las dimensiones del desarrollo humano deben continuar en nuestras memorias desde el campo de la inmensidad del universo, que desde luego, pertenece a la comprensión científica: energía, micro física, química, biología, sistema planetario.

Las otras memorias más cercanas a nosotros: especie, raza, herencia, relaciones familiares, relaciones sociales, preferencias, relaciones interpersonales, relaciones culturales. Decidir qué debo ver o qué entiendo por noticias, por mi actuación.

No somos súbditos ni pertenecemos a una monarquía o por igual, a una ideología. Apoyemos lo trascendente, lo que nos retorne nuestra personalidad y nutra nuestros valores por sobre todas las cosas.

No hay mayor éxito que cuando la sociedad se da cuenta del liderazgo de sus gobernantes que protegen su presente, su futuro y que cuidan su patrimonio respetando su libertad.

Escrito en: OPINIÓN relaciones, debe, verdad,, liderazgo

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