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El Pasaje, una verdadera tradición en Durango

Más que un restaurante o una antigua fuente de sodas, este espacio representa un punto de encuentro entre generaciones.

El Pasaje, una verdadera tradición en Durango

El Pasaje, una verdadera tradición en Durango

DANIELA ALMAGUER

Hablar del Centro Histórico de Durango es también hablar de El Pasaje, un establecimiento que desde 1960 se ha convertido en uno de los lugares más emblemáticos de la capital y en un referente de la cultura gastronómica duranguense.

Más que un restaurante o una antigua fuente de sodas, este espacio representa un punto de encuentro entre generaciones, un sitio donde los sabores permanecen intactos y donde, para muchos, el tiempo parece haberse detenido.

Ubicado sobre la calle 5 de Febrero, entre Francisco I. Madero y Pasteur, El Pasaje abrió sus puertas en la segunda mitad del siglo pasado, cuando comenzaban a surgir en México las tradicionales fuentes de sodas, establecimientos que rápidamente se volvieron parte de la vida cotidiana de las ciudades.

Este lugar se consolidó como uno de los primeros en ofrecer ese concepto que mezclaba bebidas preparadas al momento, repostería y alimentos sencillos, pero llenos de sabor.

Desde entonces, generaciones enteras han pasado por sus mesas. Padres que alguna vez acudieron siendo niños ahora llevan a sus hijos y nietos, convirtiendo la visita en una tradición familiar que ha logrado mantenerse vigente por más de seis décadas.

PARTE DE LA MEMORIA

Uno de los mayores símbolos de El Pasaje sigue siendo su inconfundible rompope batido, preparado al momento con vainilla, leche, canela (y quizá un ingrediente secreto que hace su sabor inigualable) servido en los tradicionales vasos de vidrio que evocan la década de los cincuenta.

A ese sabor característico se suman las clásicas tortas de pierna y de jamón, las donas elaboradas en casa y los pasteles que durante años han formado parte de la memoria gastronómica de miles de duranguenses, incluso por los propios ciudadanos se popularizó llamar a los pasteles secos como “pastel tipo El Pasaje”, como un distinto en su preparación.

Aunque el menú ha evolucionado con el paso del tiempo para ofrecer una mayor variedad de alimentos, sin duda los platillos que dieron fama al establecimiento continúan siendo los favoritos de quienes cruzan sus puertas y son precisamente esos sabores los que han permitido conservar una clientela fiel que regresa una y otra vez.

UNA PARADA OBLIGADA

Pero El Pasaje no solo es un lugar frecuentado por quienes viven en la ciudad. Para muchos duranguenses que emigraron a otros estados o incluso al extranjero, regresar a Durango significa también volver a sentarse en una de sus mesas.

De la misma manera, quienes visitan la capital por primera vez suelen recibir la misma recomendación de familiares, amigos o taxistas, el “conocer” El Pasaje, casi como una parada obligatoria para entender una parte de la identidad local.

Pocas veces un establecimiento logra convertirse en un símbolo colectivo. En este caso, el lugar ha trascendido por encima de las modas y las tendencias gastronómicas, consolidándose como uno de esos espacios que forman parte del patrimonio sentimental de la ciudad.

DONDE EL TIEMPO NO PASA

Y es quien entra a El Pasaje encuentra un sitio que conserva gran parte de la esencia con la que abrió sus puertas hace más de 60 años. Aunque el negocio fue ampliado para ofrecer mayor capacidad a sus clientes, mantiene esa atmósfera tradicional que lo caracteriza.

Incluso la cocina permanece a la vista de los comensales, permitiendo observar cómo cada platillo se prepara al momento, una práctica que sigue siendo parte de la experiencia y que transmite confianza sobre la calidad y frescura de los alimentos.

Esa autenticidad parece ser una de las razones por las que el establecimiento continúa lleno prácticamente todos los días. A pesar del complejo panorama económico que enfrenta Durango, las filas para ingresar siguen siendo una constante, especialmente los sábados y en varios días entre semana.

En numerosas ocasiones, la espera alcanza incluso el edificio Multifamiliar, ubicado prácticamente a espaldas del local, una imagen que habla por sí sola sobre la preferencia que mantiene entre los consumidores.

UN ÍCONO QUE SIGUE HACIENDO HISTORIA

Los años han traído algunos cambios inevitables. El Pasaje también ha sabido adaptarse a las nuevas formas de consumo incorporando el servicio a domicilio mediante plataformas digitales de entrega de alimentos, facilitando que sus productos lleguen a más hogares sin perder su esencia. Sin embargo, esa modernización se ha concentrado principalmente en el servicio, mientras que el corazón del establecimiento permanece prácticamente intacto.

Más de seis décadas después de su inauguración, El Pasaje demuestra que existen lugares donde el paso del tiempo no borra los recuerdos, sino que los fortalece. En una ciudad donde las costumbres siguen ocupando un lugar importante, este emblemático establecimiento continúa escribiendo su historia entre rompopes, tortas, donas recién hechas y conversaciones que, como hace más de 60 años, siguen encontrando en sus mesas un espacio para permanecer.

El Pasaje está abierto de lunes a sábado, desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche, la recomendación es acudir con tiempo, pues como un buen lugar de costumbres, no hay reservaciones.

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