
Ilusión. Con un plantel con varios jugadores en varios clubes de renombre, los aficionados escoceses esperan una gran actuación de su selección.
De acuerdo con el ranking de la FIFA, los escoceses están posicionados en el lugar 36.
EMILIO BARRIENTOS
EL SIGLO DE DURANGO
Durante décadas, el fútbol escocés caminó acompañado por el peso de su historia. Un pasado glorioso contrastaba con una ausencia prolongada en la escena mundialista, una herida abierta para una afición acostumbrada a competir con orgullo. La clasificación rumbo a la Copa Mundial de la FIFA 2026 no fue solo un trámite deportivo: fue un viaje emocional, una prueba de carácter y una reconciliación con su propia identidad.
INICIO PRUDENTE Y CON CAR?CTER
El camino comenzó lejos de casa y con la presión de no fallar desde el arranque. Escocia debutó ante Dinamarca en un partido cerrado, tenso y sin goles, donde el marcador no reflejó la importancia del resultado. Aquel empate como visitante fue una advertencia para el grupo: no habría margen para la improvisación, cada punto contaría.
Días después, la selección mostró su primera versión convincente. En Bielorrusia, Escocia asumió el protagonismo, fue paciente y eficaz, y regresó con una victoria que empezó a construir confianza. No fue un partido brillante, pero sí uno maduro, de esos que marcan el tono de una eliminatoria larga. El mensaje era claro, este equipo sabía competir.
HAMPDEN PARK, DONDE NACI? LA ILUSI?N
La eliminatoria tomó un nuevo rumbo cuando Escocia regresó a casa. En Hampden Park, el equipo encontró algo más que apoyo: encontró energía. Ante Grecia, la selección mostró su mejor versión, combinando intensidad, orden táctico y determinación ofensiva. El triunfo fue contundente y, por primera vez, la clasificación dejó de parecer un sueño lejano.
Ese partido cambió la percepción del grupo. La afición volvió a cantar con esperanza, y los jugadores respondieron entendiendo que el objetivo estaba al alcance. Otra victoria en casa frente a Bielorrusia reforzó la idea de que Escocia había hecho de su estadio una fortaleza, un lugar donde los rivales sufrían y los errores se castigaban.
CA?DAS, RESPUESTA Y UNA NOCHE PARA LA HISTORIA
No todo fue perfecto. La visita a Grecia trajo consigo una derrota dolorosa, de esas que sacuden la confianza y obligan a mirar de frente las propias debilidades. El grupo volvió a sentir la presión, sabiendo que cualquier tropiezo podía costar la clasificación directa.
Pero si algo definió el camino de Escocia fue su capacidad de respuesta. En el partido decisivo ante Dinamarca, con el boleto mundialista en juego, el equipo salió a la cancha sin especular. Jugó con valentía, con el respaldo de su gente y con la convicción de que la espera había sido demasiado larga como para dejar escapar la oportunidad.
Escocia llegará al Mundial 2026 con algo más que un plantel competitivo. Llegará con una historia reciente de resistencia, con una eliminatoria que le devolvió la fe y con la certeza de que el orgullo, cuando se sostiene partido a partido, también clasifica.
N La última vez que Escocia participó en una Copa del Mundo, fue en Francia 1998.
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