
El trauma que implica: '¡Fue Calderón!'
Apenas inició el presente año y el pasado día 6, para no variar, la presidente Claudia Sheinbaum volvió a culpar a Felipe Calderón. ¿Ahora de qué? De lo que sea, el caso es hacerlo responsable de todos los problemas que aquejan al país, a pesar de que han pasado más de trece años desde que dejó el gobierno. En esta ocasión por haber hecho del combate al narco su principal función como presidente.
Como consta a la opinión pública, tanto Sheinbaum como López Obrador y su cauda de seguidores, han hecho de esta constante acusación a Calderón parte fundamental de su estrategia propagandística. Pero no han caído en la cuenta que después de haberlo dicho miles de veces, ese estribillo ya suena a un mero pretexto -lo que en realidad es--, falso y hueco, y por ello desechable. En relación con esta cantaleta, de la duda inicial muchos ciudadanos pasaron al rechazo. Y del rechazo a la chunga.
En ese nivel está hoy esa estrategia barata de AMLO, adoptada por su sucesora: en el plano de la burla y el choteo. Recientemente oí a alguien comentar lo siguiente: "Más que estrategia de López Obrador, es en realidad algo enfermizo".
¿Una enfermedad? ¡Exacto! Eso es. Porque no puede tener una explicación lógica, medianamente sensata sino que se trata de una enfermedad. ¿Cuál? La que padece López Obrador por su personalidad atormentada, producida por sus grandes complejos y profundos resentimientos, que riñen con su arrogancia y soberbia. El choque debe ser tremendo. Veamos:
¿Qué es lo peor que en la vida le ha ocurrido a López Obrador? Sin duda, haber perdido la elección presidencial de 2006, cuando al inicio de la campaña política iba en las preferencias electorales al menos 10 puntos arriba de su más cercano competidor. Pero sus errores y torpezas (la expresión es de un excolaborador suyo) lo hicieron perder aquellos comicios presidenciales. Entre otros errores, dos: 1. haber desdeñado participar en el primer debate, y 2. Centralizado en él mismo la operación de defensa del voto en las casillas, que derivó en un desastre.
Lo anterior explica porqué, cada vez que se ofrece y a veces sin venir a cuento, él y sus seguidores recitan como dogma de fe que perdió la elección presidencial de 2006 porque le hicieron fraude. Falso. Esos comicios son los más analizados e investigados de la historia y el fraude que se alega nadie lo ha probado. Ni un solo estudio académico serio, de los muchos libros y ensayos que hay sobre el tema, ha sostenido tal cosa.
Veamos, al azar, lo que dice uno de esos libros. El escrito por Carlos Tello Díaz con el título "2 de Julio", publicado en 2007. En la página 160 el autor anota lo siguiente: "Andrés Manuel acababa de recibir [ya avanzada la noche del 2 de julio] el último conteo rápido de su [propia] encuestadora, Covarrubias y Asociados, con un avance de más de 97 por ciento, en [una muestra de] 869 secciones: FC 37.2, AMLO 35.9. 'A la 1 de la mañana yo directamente se lo dije al licenciado López Obrador' afirma Ana Cristina (Covarrubias). Andrés Manuel iba 1.3 puntos, según sus cifras, debajo de Calderón".
En otro pasaje, Tello Díaz describe la siguiente escena que tuvo lugar en el Hotel Marquís la madrugada del 3 de julio de 2006: "César (Yáñez) y Nico (el famoso chofer de AMLO) permanecían serios, igual que (Federico) Arriola y (José María) Pérez Gay. Marcelo Ebrard entró con ellos unos minutos, junto con su asesor de finanzas, Mario Delgado. Después salieron. Había un aire de derrota. Entonces Andrés Manuel volteó a ver a sus íntimos: 'Perdí', dijo. Quienes lo escucharon se quedaron pasmados. Lo había dicho con sinceridad y tristeza, un poco sorprendido de lo que había pasado".
Otra versión de este episodio, coincidente en lo esencial, apareció en Milenio el 24 de mayo de 2024, es decir, 18 años después de los comicios de 2006, un artículo del periodista Rafael Pérez Gay, titulado "Así lo recuerdo", con lo que él vio ese día como reportero, y el testimonio de su hermano y seguidor de AMLO, el escritor José María, a quien López Obrador dijo con tristeza: "Perdimos, Chemita".
Termina Tello Díaz el episodio así: "a partir del momento que acepta que perdió, ante la mirada atónita y asustada de sus seguidores, (López Obrador) toma la decisión de comenzar a mentir. Empieza a construir una verdad alternativa, que él mismo terminaría por creer" (página 161).
Y el fantasma de Calderón, que tuvo este origen, se le volvió trauma. Una enfermedad que hasta la fecha no ha podido superar; pero que además contagió a sus seguidores, a pesar de que éstos conocieron la verdad.