
Elogio del nómada
Hace años dediqué un artículo a una curiosa confusión de la que fui objeto. Abordé un avión de hélice y me persigné en el despegue; iba vestido de negro y leía una novela de título piadoso: El día de todas las almas. Una mujer creyó que yo era sacerdote; se sentó a mi lado, confesó las cosas terribles que había hecho su marido y me preguntó si podía ser perdonado. En mi calidad de autor de ficciones y, tomando en cuenta que estábamos en el entorno provisional del cielo, le di la absolución.
Tiempo después le conté la anécdota al autor de la novela, el holandés Cees Nooteboom. Con la ligereza y el humor que acompañaban su erudición, contó otras historias provocadas por su vida de viajero sin sosiego. Nacido en La Haya, en 1933, visitó todos los países a su alcance hasta que la salud lo retuvo en su casa de Menorca, donde murió el 11 de febrero.