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Equilibrio energético y soberanía nacional

ULISES LARA LÓPEZ

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Hay momentos en la historia de México en los que un recurso tan elemental y preciado, como son nuestras reservas energéticas, dejan de ser un asunto técnico y vuelven a colocarse en el terreno de las decisiones estratégicas del Estado. Recordemos el histórico año de 1938, cuando el presidente Lázaro Cárdenas del Río decretó la expropiación petrolera, medida que reorganizó la industria energética de México y sobre todo definió un principio que marcaría nuestra política pública por décadas: el control del petróleo debe permanecer en manos de la nación porque de él dependen nuestras capacidades para tomar decisiones económicas sin subordinación externa. Entonces nuestro petróleo pasó a ser un componente clave para la soberanía nacional.

Con el paso del tiempo, sin embargo, nuestro modelo energético cayó en una contradicción, pues continuamos siendo un país productor y exportador de petróleo crudo, pero perdimos capacidad para transformar ese crudo en combustibles.

Durante el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador se impulsó una estrategia para recuperar la capacidad nacional de refinación. En este último año el procesamiento de crudo alcanzó un promedio cercano trimestral de 1.13 millones de barriles diarios, lo que representa un incremento importante respecto al mismo periodo del año anterior. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha planteado la continuidad de esta estrategia de autosuficiencia, iniciada en el sexenio anterior.

La expropiación petrolera de 1938 respondió a un conflicto sobre el control de los recursos naturales. Las decisiones adoptadas en los últimos años han estado más vinculadas a la necesidad de reducir vulnerabilidades económicas en un mercado energético global volátil. En ambos casos, el fondo de la discusión sigue siendo el mismo: cómo garantizar que el abastecimiento de energía permanezca bajo condiciones que permitan al país tomar decisiones con autonomía y previsión frente a un entorno internacional incierto.

Continuemos impulsando la recuperación de nuestra capacidad de refinación, apoyemos el fortalecimiento de Pemex como empresa productiva del Estado y permitamos la ampliación de la infraestructura de almacenamiento y distribución de combustibles, y al mismo tiempo que exploremos nuevas fuentes de energía, para alcanzar ese equilibrio energético que en 1938 nos otorgó mayor soberanía sobre nuestros recursos.

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