
Es cierto, no es Trump
Tiene razón la presidenta Sheinbaum cuando indica que no es el presidente Trump, el origen del descontento de Estados Unidos contra de México. Y ese enojo no va a desaparecer en automático cuando acabe su administración. El mal ánimo de varios sectores estadounidenses y la opinión pública americana es más profundo; se ubica allá y sólo allá puede cambiarse. Ni la vida de los migrantes mexicanos, ni los temas mexicanos que se consideran negativos mejorarán por arte de magia, aún con cambios de fuerzas políticas de EU.
La Presidenta tocó un tema central, hay que atender al problema de raíz. Hay más que la coalición MAGA ("Hacer a EU grande otra vez") entre los críticos de México. Hay reclamantes pasivos de todos los espectros ideológicos y aun sin partido. Acarrean disgustos racionales y muchos pasionales. Afloran controversias ante indocumentados mexicanos y malas percepciones en relación al comercio bilateral, el narcotráfico o la violencia.
Los indocumentados mexicanos, pese a su larga permanencia y gran impacto económico, han sido estereotipados y criminalizados, pero ahora por comunidades y causas diferentes. Hay más que el repudio histórico de grupos étnicos blancos o afroamericanos "desplazados" laboralmente, durante crisis económicas. Según el Centro Hispano Pew, cada vez más latinos opinan que debe haber menos migrantes nuevos, contando mexicanos y menos indocumentados.
Conviven nuevos votantes empoderados como los asiáticos, indoamericanos y chino-americanos que también desacreditan la presencia mexicana indocumentada. Otros estudios muestran que asociar a los migrantes de origen mexicano a la delincuencia de EU, no proviene sólo de grupos WASP (blancos anglosajones protestantes) "afectados", sino de estadounidenses de perfiles étnicos muy diversos. Sobre la deportación de indocumentados, hay aceptación entre amplios sectores de todas las filiaciones partidistas.
Una peculiaridad de los temas negativos vinculados a México -como país- en la opinión estadounidense, es que no se consideran como internacionales, sino asuntos domésticos. Por ejemplo, medios locales publican que las muertes de fentanilo en su vecindario se deben a traficantes mexicanos; que la droga vendida en Los Ángeles y San Francisco se manufactura en Sinaloa. En paralelo, las oficinas que promueven sanciones o colaboraciones con la parte mexicana son cada vez más de gobernanza local, Departamento de Justicia, del Tesoro, Seguridad Interior (Homeland) y no necesariamente las de política exterior (Departamento de Estado).
Es cierto, no es Trump. Quien manda es un universo electoral que va a seguir en EU cuando él ya no esté. A México se le va a juzgar o "consentir" en relación al interés nacional estadounidense y por su valía en la opinión pública. Y, cada vez, los temas "mexicanos," buenos y malos, estarán más presentes en la política local de EU.
Ahí nos perdemos en la traducción. Argumentamos en micrófonos mexicanos que nuestros migrantes son muy trabajadores, los beneficios comerciales y el ejercicio de la ley mexicana frente a narcotraficantes. Mas los estadounidenses que generan opinión y votan no ven ni leen medios mexicanos, se ubican a lo largo de la Unión Americana.
La nueva realidad para México en la defensa de los intereses mexicanos ante EU, indocumentados incluidos, es realizarla en territorio estadounidense y en inglés. Para sorpresa de muchos, eso no representa una injerencia exterior en las leyes de EU. Hay ejemplos: Corea, Japón, China, Arabia Saudita, los Emiratos y la India influyen en la opinión pública de EU de manera positiva y tienen éxito.