
Impresionante. Para muchas personas que no son de Durango, les sorprende ver cómo las parvadas cambian de dirección en grupo y forman un show en pleno atardecer.
En distintos puntos de la ciudad de Durango, la presencia de los llamados tordos pecho amarillo se ha convertido en una escena cotidiana para quienes observan el cielo al amanecer o al atardecer. En grandes parvadas, estas aves cruzan avenidas, parques y bulevares formando figuras cambiantes en el aire antes de posarse en árboles altos para descansar. Para muchos duranguenses, su aparición ya forma parte del paisaje urbano y del ritmo natural con el que inicia y termina el día en la ciudad.
La especie que suele observarse en Durango corresponde al tordo pecho amarilla (Xanthocephalus xanthocephalus), un ave migratoria de América del Norte. Durante la primavera y el verano se reproduce en regiones de Canadá y Estados Unidos, pero cuando llegan las temperaturas frías emprende un viaje hacia el sur para pasar el invierno en zonas más templadas, como el norte y centro de México.
Durango se convierte así en una parada importante dentro de esta ruta migratoria, donde las aves encuentran alimento, árboles para descansar y un clima adecuado durante varios meses. Uno de los aspectos más llamativos es la coordinación con la que vuelan. Las bandadas se mueven como un solo organismo, cambiando de dirección al mismo tiempo para mantener distancia, evitar choques y protegerse de depredadores.
Con el paso de los años, este fenómeno se ha vuelto característico del invierno duranguense. Aunque su estancia es temporal, los tordos recuerdan que la naturaleza aún se manifiesta en el cielo de la ciudad.





