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La muerte de Noelia Castillo Ramos, una joven española de 25 años cuyo caso desató una intensa discusión pública y judicial en España, volvió a poner sobre la mesa una pregunta incómoda, pero cada vez más presente: ¿México está preparado para legislar sobre la eutanasia?
Aunque en otros países el debate ya se trasladó a tribunales, hospitales y congresos, en México el tema sigue atorado entre la bioética, la religión, la política y la falta de acuerdos legislativos. Aquí, por ahora, la ley no permite que un médico provoque de manera intencional la muerte de un paciente, incluso si existe sufrimiento extremo o una enfermedad irreversible.
Lo que sí está permitido en México
En el país existe una diferencia legal importante entre eutanasia y muerte digna. La legislación mexicana sí reconoce mecanismos para que una persona rechace tratamientos que solo alargan su agonía y pueda recibir atención para controlar el dolor en la etapa final de su vida. Ahí entran la voluntad anticipada y los cuidados paliativos.
La Ley General de Salud establece derechos para pacientes en situación terminal, como decidir si continúan o no con ciertos tratamientos, solicitar medicamentos para mitigar el dolor y optar por cuidados paliativos. También fija límites a la llamada obstinación terapéutica, es decir, el uso de medidas desproporcionadas o inútiles para prolongar la vida cuando ya no existe posibilidad real de recuperación.
Dicho de forma simple: en México sí se puede hablar de dejar morir con dignidad, pero no de provocar la muerte de forma legal.
Lo que la ley prohíbe sin rodeos
La parte más clara está en el artículo 166 Bis 21 de la Ley General de Salud. Ahí se establece que queda prohibida la práctica de la eutanasia, entendida como homicidio por piedad, así como el suicidio asistido, y advierte que esos casos se sujetarán a las disposiciones penales aplicables.
Eso significa que, aunque una persona pueda rechazar tratamientos o pedir no ser sometida a procedimientos invasivos, el personal médico no puede intervenir para causar de manera directa la muerte del paciente.
Entonces, ¿por qué volvió a surgir el tema?
Porque el caso de Noelia volvió a exhibir la distancia que existe entre países donde este derecho ya está regulado y otros, como México, donde la conversación apenas intenta abrirse paso. En España, la legislación permite la prestación de ayuda para morir bajo condiciones muy específicas, mientras que en México la discusión todavía se mueve entre propuestas, foros y resistencia política.
En meses recientes sí aparecieron señales de que el tema busca entrar con más fuerza al Congreso mexicano.
Las iniciativas que intentan mover el debate
Durante 2025 se presentaron propuestas legislativas para reconocer el derecho a una muerte digna y abrir la posibilidad de regular la eutanasia o la muerte médicamente asistida en México. Entre ellas figura la llamada Ley Trasciende, impulsada en el Senado y acompañada también por una iniciativa en la Cámara de Diputados. Ambas plantean modificar el marco legal vigente, que hoy prohíbe estas prácticas.
Sin embargo, el punto clave es este: no están aprobadas. Hasta ahora, se trata de propuestas que han servido para reactivar la discusión, pero no han cambiado la regla general en México.
Ciudad de México, el antecedente más cercano
La capital del país ha sido uno de los espacios donde más se ha avanzado en este terreno, aunque sin llegar a legalizar la eutanasia. La Constitución de la Ciudad de México reconoce que la vida digna contiene implícitamente el derecho a una muerte digna, y desde hace años existe la Ley de Voluntad Anticipada, enfocada en permitir que una persona deje por escrito qué tratamientos desea o no recibir en una etapa terminal.
Eso, sin embargo, no equivale a legalizar la eutanasia activa. Lo que existe es una ruta para evitar el encarnizamiento médico y respetar la voluntad del paciente dentro de los límites actuales de la ley.
Un debate que México sigue postergando
El caso de Noelia Castillo no solo sacudió a España. También volvió a exhibir una discusión que en México sigue pendiente: la de quién decide sobre el final de la vida cuando el dolor, la enfermedad y la pérdida de autonomía ya lo cambian todo.
Por ahora, la respuesta legal mexicana sigue siendo conservadora: sí a los cuidados paliativos, sí a la voluntad anticipada, no a la eutanasia y no al suicidio asistido. Pero las iniciativas presentadas en 2025 dejan claro que el debate ya entró de nuevo al terreno legislativo y que tarde o temprano volverá a tocar la puerta del Congreso.