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Evolución de la arquitectura de seguridad en las Américas

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Evolución de la arquitectura de seguridad en las Américas

Evolución de la arquitectura de seguridad en las Américas

HÉCTOR SÁNCHEZ GUTIÉRREZ

La respuesta a las cambiantes amenazas y a las correlaciones de poder en las Américas nunca ha sido estática. Desde la lógica de la Guerra Fría hasta los desafíos actuales del crimen transnacional, la migración masiva y la disputa tecnológica global, los mecanismos de cooperación han oscilado entre la defensa colectiva, la seguridad cooperativa y la gestión de crisis. Sin embargo, detrás de cada etapa permanece una constante estratégica: el control político del territorio y la preservación del orden estatal.

"La autoridad de los Estados se mide por su capacidad para gobernar sus propias amenazas".

La seguridad continental (1945-1960) surge tras la Segunda Guerra Mundial, cuando las naciones americanas buscan evitar la penetración extracontinental, construyendo un sistema de defensa colectiva bajo el liderazgo de uno de los grandes vencedores del conflicto. Este esquema se institucionalizó con el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y se articuló políticamente a través de la Organización de Estados Americanos (OEA). "La lógica fue proteger al continente de amenazas militares externas"

Durante la Guerra Fría (1960-1989), la seguridad cooperativa hemisférica fue una rigurosa contención político-ideológica del comunismo. La estabilidad dependió de la autoridad de los Estados sustentada en el TIAR y su alineamiento con Washington. La "Crisis" de los Misiles en Cuba mostró que América podía convertirse en escenario de confrontación bélica global. Introduciendo varias doctrinas de seguridad nacional la "investigación criminalística" en el orden interior y creando la figura del enemigo interno: usualmente campesinos, estudiantes, sindicalistas y académicos.

"México se decantó precisando-separando: al transgresor de la ley, y al inconforme".

El fin de la Guerra Fría (1990-2001) desaparece el eje estratégico articulador del sistema hemisférico durante cuatro décadas. Sin adversario ideológico definido, la seguridad regional entra en una fase de transición institucional y conceptual dispersa. Las estructuras permanecen y el enemigo desaparece, comenzando a orientarse hacia nuevas amenazas difusas.

"El sistema permaneció en pie, pero su propósito estratégico quedó en suspenso".

Los atentados del 11-sep-2001 reconfiguran la agenda global de Washington y obligan a replantear la seguridad hemisférica. Las amenazas tienen origen multifactorial y se amplían hacia fenómenos socioeconómicos transnacionales. Terrorismo, narcotráfico, crimen organizado, ciberataques y desastres naturales pasan a formar parte del concepto de seguridad.

"Las Americas adoptan el paradigma de seguridad multidimensional en 2003. Incluyendo la cooperación institucional, inteligencia compartida y el control de flujos ilícitos".

Desde 2015, la seguridad hemisférica está en una fase de tensión estratégica donde convergen amenazas transnacionales y nuevas disputas de poder global. Redes de crimen organizado, flujos migratorios masivos, tráfico de armas, economías ilícitas y vulnerabilidades tecnológicas que desafían la capacidad de los Estados para ejercer autoridad efectiva sobre su territorio. Simultáneamente, la creciente presencia económica y tecnológica de China en el continente introduce una dimensión geopolítica adicional frente a la tradicional influencia de EUA.

Actualmente, la seguridad hemisférica enfrenta una convergencia inédita de presiones estructurales. Las redes del crimen han evolucionado a sistemas transnacionales con capacidad financiera, logística y territorial; los flujos migratorios, tráfico de armas y las economías ilícitas erosionan fronteras tradicionales del gobierno estatal.

"La competencia EUA-China incluye nuevas variables de influencia tecnológica, comercial e infraestructural en el continente".

Situando a México en el punto álgido de empalme de la integración económica, presión migratoria y la contención del crimen transnacional, "cuando la estabilidad regional depende cada vez más de la capacidad de todos los Estados para el gobierno real de su territorio, instituciones y sus infraestructuras críticas".

Presentando un enorme desafío, revelado por nuestra convergencia interna de economías criminales, presión migratoria, vulnerabilidad estratégica e influencia tecnológica; que rebasa el ámbito sectorial y convierte el problema en un asunto de seguridad nacional, -exigiendo una respuesta integral inmediata basada en inteligencia, defensa, desarrollo y diplomacia-.

"La seguridad continental exige Estados capaces de anticipar, coordinar y ejercer autoridad antes de que las amenazas se conviertan en poderes de gobierno paralelos".

La "inteligencia estratégica" debe consolidar sistemas permanentes de anticipación que integren información financiera, criminológica, tecnológica y geopolítica. En "defensa", la prioridad es proteger infraestructuras institucionales críticas, corredores logísticos y soberanía territorial frente a actores estatales y no estatales.

El "desarrollo nacional" debe fortalecer la industria nacional, resiliencia energética y la protección de cadenas de suministro considerándolos como componentes directos de la seguridad nacional. Y la "diplomacia" debe equilibrar la cooperación regional y la autonomía estratégica frente a las grandes potencias.

"La seguridad interna y continental actualmente no debe medirse con las armas, sino por la capacidad de los Estados de transformar inteligencia, desarrollo, defensa y diplomacia en indiscutible poder estratégico de gobierno... los desafíos siempre tienen un deber".

* El autor de esta colaboración es General de División Estado Mayor y Maestro en Seguridad y Defensa Nacionales.

Escrito en: Editoriales con México en la mente seguridad, Estados, amenazas, capacidad

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