
¿Existe la realidad?
En las novelas policiacas, un asesinato se suele disfrazar de accidente. De manera original, Maigret y la joven muerta, de Georges Simenon, trata de una muerte azarosa que se presenta como un crimen. Con astucia, el autor belga revierte la lógica habitual de los sucesos. En México, esa trama no pertenece necesariamente a la ficción: una muerte azarosa puede ser más comprometedora que un asesinato.
El 25 de julio de 2024, Héctor Cuén, ex rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa y líder del Partido Sinaloense (PAS), fue convocado a una reunión en el rancho Huertos del Pedregal, en las afueras de Culiacán, para dirimir las diferencias entre dos cárteles que desangran al estado, el de Ismael “El Mayo” Zambada y el de los “Chapitos”. Aparentemente (adverbio imprescindible en México), la convocatoria venía del gobernador Rubén Rocha Moya, antiguo aliado de Cuén y su máximo rival político. Se trataba, pues, de limar asperezas entre las bandas criminales y quienes competían por el poder. Rocha Moya ha declarado que en ese momento estaba en Estados Unidos, lo cual aumenta el teatro de las paradojas: el país que le sirvió de coartada, hoy pide que lo extraditen.